El sector agropecuario argentino, como tomador de precios, compite en un ámbito desleal y distorsionado por el fuerte resurgimiento de los subsidios.
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Los países que subsidian a sus productores y a sus exportaciones provocan permanentemente la caída de precios internacionales de los commodities alimentarios e impidieron su recuperación, después de la significativa disminución provocada por la crisis financiera de mediados del año 1997 y de la que aún nuestro país no logró recuperarse. Esos subsidios impiden que los productores de dichos países perciban señales claras de lo que está aconteciendo en el mercado internacional y continúan produciendo cantidades crecientes, aumentando constantemente la oferta, lo cual contribuye a agravar la depresión de las cotizaciones y a postergar artificialmente su recuperación.
Políticas agrícolas
Los países integrantes de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) aplican políticas agrícolas altamente proteccionistas, las cuales no son consistentes con las reformas de largo plazo iniciadas en el último Acuerdo para la Agricultura de la Ronda de Uruguay, donde por primera vez se incluyó a la agricultura en las negociaciones y se logró avanzar hacia la liberalización del comercio.
Lamentablemente, durante los últimos años aparecen signos preocupantes de retroceso, que impiden una mayor eficiencia y transparencia en la agricultura mundial. La caída de los commodities que se registró a partir de 1998 llevó a los gobiernos de países que subsidian a tomar una serie de medidas destinadas a mantener e incrementar artificialmente la rentabilidad de sus empresas rurales y, así, crearon incentivos para una mayor producción, perjudicando económicamente a los productores de los países en desarrollo. El nivel de subsidios a la agricultura llegó en 1998 a poco más de 362.000 millones de dólares y se estima que durante el año 2000, esta cifra se acercó a los 380.000 millones de dólares, aumentando 7% en 2 años. De ese total, la Unión Europea otorgó 54 %, seguido por los Estados Unidos con 36 % y en tercer lugar se ubicaría Japón con 21%. Los consumidores de los países desarrollados pagaron las dos terceras partes de la ayuda aportada a la agricultura, mientras que el resto se pagó con fondos presupuestarios. El monto total de subsidios otorgados a los productores en la OCDE, es 34 % superior al Producto Bruto Interno de nuestro país; si hipotéticamente asignáramos esos recursos a los productores argentinos, significaría que cada uno recibiría la suma de 1.266.000 dólares por año, considerando que en la actualidad existen cerca de 300.000 productores en todo el territorio nacional. Si quisiéramos pagar a nuestros productores el monto individual que recibe cada productor de los Estados Unidos, significaría que el Estado argentino tendría que disponer de un monto cercano a los 5.400 millones de dólares anualmente, esto equivale a otorgar un ingreso promedio de 18.000 dólares anuales a cada uno de nuestros empresarios rurales. Aunque, si analizamos en particular los montos que reciben productores de algunos países de Europa, esta cifra crecería a los 9.900 millones de dólares anuales, como es el caso de Suiza y de Noruega.
En la próxima rueda de negociaciones, lamentablemente, no habrá avances significativos, porque a pesar de que los países desarrollados se manifiestan a favor de esta tendencia, no existe una verdadera voluntad política por parte de los líderes mundiales de avanzar hacia una real liberalización del comercio mundial. Es evidente que en las actuales condiciones desleales de comercio los empresarios rurales argentinos encuentran serias limitaciones para competir, porque a la gran distorsión que provocan los subsidios se suman las barreras paraarancelarias que, apelando a cualquier justificación, cierran mercados y obstaculizan el comercio agrícola. El mejor ejemplo es la fiebre aftosa, que no se transmite al ser humano y, sin embargo, es utilizada como excusa para depreciar el valor de nuestras carnes e incluso llegan al extremo de prohibir su importación.
En esta materia, es realmente importante que todos los sectores que intervienen en el proceso de producción, protección, procesamiento y comercialización de la carne argentina asignen la prioridad que merece un nuevo plan de control y erradicación de la fiebre aftosa que, en el menor tiempo posible, devuelva las carnes argentinas al apreciado circuito no aftósico, del cual nunca hubiéramos salido de no mediar la impericia y complicidad de quienes asumieron la responsabilidad de preservar y reforzar los controles sanitarios indispensables.
En términos generales, la Argentina debe insistir cada vez con mayor vehemencia en su lucha contra los subsidios y las barreras de todo tipo que persisten en el comercio internacional de productos primarios, fortaleciendo alianzas estratégicas con otros países afectados para demostrar al mundo que esos fondos tan cuantiosos, actualmente volcados a subsidios agropecuarios, distorsionan los mercados, perjudican a muchos países en desarrollo y serían mucho más útiles para la humanidad si se destinaran a la mitigación de la pobreza y a la atención de los más necesitados.
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