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Una vez
más, el
maíz
vuelve a
estar en el
escenario
del
debate.
«Todo lo que la UE decide tiene un efecto cascada en muchos de los países que la Argentina tiene como clientes de sus productos», agregó Di Giulio.
Para la funcionaria, una de las formas de comenzar a trabajar en estos temas dentro del país es que tengamos manuales de buenas prácticas agrícolas y de manufactura, y que además los apliquemos.
Otro de los oradores de este panel fue el embajador Néstor Stancanelli, director nacional de Negociaciones Económicas Internacionales de Cancillería, quien encaró el tema argumentando que la producción mundial de maíz ronda para esta campaña los 680 millones de toneladas, mientras el consumo previsto es de 717 millones de toneladas.
«Van a bajar los stocks y esto se debe especialmente a la fuerte demanda para la producción de etanol, el crecimiento de la actividad pollera y la caída del trigo forrajero», dijo. «Las perspectivas para el maíz son muy buenas. La Argentina este año puede aumentar algo la exportación debido al crecimiento de la producción, de casi 22 millones de toneladas. Los problemas en general tienen que ver con la protección y la subvención, y los subsidios. En Estados Unidos, los subsidios representan 36% del valor de la producción y 85% en el caso de la UE», detalló Stancanelli.
En el caso de Estados Unidos, según el embajador, 34% de las subvenciones se dirigió al maíz y en lo que hace a etanol, los 6 mil millones de dólares aún no han sido computados.
«El de los biocombustibles no es un tema fácil», agregó.
«Tenemos que ver cómo evoluciona la demanda de alimentos. Qué pasa con el uso de las energías y el efecto invernadero. Además, se están creando nuevas distorsiones en el mercado a partir de los subsidios para la producción de biocombustibles. En los EE.UU., el uso de la cosecha para etanol pasó de 5% a 27%, con más de 6 mil millones de dólares de subsidios», enumeró Stancanelli. «Tenemos que fijar adecuadas prioridades en nuestro país para seguir siendo confiables en la producción de alimentos», culminó.
A su turno, Andrés Lolster, especialista en el comercio de granos de Cargill, manifestó que ve problemas crecientes en el comercio por temas de micotoxinas, residuos de pesticidas y transgénicos. «Hoy, en todos nuestros contratos FOB a destino hay limitantes de aflatoxinas. Por ahora no son un gran problema, pero lo pueden ser si tenemos en cuenta que el principal origen es el clima», destacó.
Sobre fumonisinas sostuvo que parece que se podría llegar a un nivel aceptable y agregó que hay micotoxinas que antes no aparecían y que se empiezan a ver cada vez más. «Creemos que podría deberse a la mayor proporción de maíz en siembra directa», dijo.
«En cuanto a residuos de pesticidas, también la UE es el foco del problema. No hay un insecticida que reemplace al fenitrotion. Los fosfuros requieren un tiempo de exposición que es difícil de conseguir», comentó. Para Lolster, el otro destino donde se ven problemas crecientes es Japón. «Ahora se ven tantos o más problemas que en la UE. Allí nuestro maíz sufre mayores inspecciones.»
Por último, sobre el tema biocombustibles sostuvo que están viendo en los últimos dos meses una menor aceleración de las inversiones en plantas de etanol.



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