Estudian avances en el agro del NOA
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Al mismo tiempo, se mecanizaron las labores del campo y se automatizaron los procesos industriales, lo cual generó la expulsión de una gran cantidad de obreros y productores, en busca de un producto más rentable.
«No hace muchos años se plantaban en Tucumán una 250.000 hectáreas con caña de azúcar y había aproximadamente 15.000 cañeros. Luego, en el censo de 1988, ya éramos 10.000 y hoy, con los datos de 2002, parece que somos sólo 5.000 cañeros y la superficie cultivada es de 185.000 hectáreas», advirtió Otto Gramajo, miembro del CREA San Patricio.
La citricultura es la segunda actividad económica social en importancia de la provincia y genera unos 50.000 puestos de trabajo en la época pico de actividad, entre las tareas de cosecha y empaques, además del personal de quintas. En los últimos años se observó un importante crecimiento en el volumen producido, que permitió ubicar a la provincia como primer productor mundial de limones.
Los ejes del negocio son la producción y la exportación de fruta fresca y la industrialización para la producción de jugos cítricos, aceites esenciales y cáscara deshidratada. La mayor parte de los productos industrializados se exportan a los países europeos, EE.UU. y Japón. No obstante, «en comparación con el resto de los países productores de limón, el NOA y la Argentina en general están por debajo de todos los indicadores de competitividad», alertó Gastón Guerineau, miembro del CREA La Armonía.
«Desde el punto de vista económico y del negocio, la ganadería hoy es una actividad que, planteada de manera eficiente, genera una rentabilidad razonable en función del bajo riesgo que encierra», indicó Carlos Segón, miembro del CREA Juramento.
Además, se destacó la incorporación de nuevas herramientas que cambiaron la producción de ganado vacuno del NOA: nuevos métodos de habilitación de tierra para ganadería (rolado, cadeneo, desvajerado y siembra aérea de pasturas). Estas técnicas permitieron reducir los costos tradicionales de habilitación de 400 dólares por hectárea a los actuales 80-150 dólares.
«Si algunos especialistas sostienen que la Argentina es unos de los países de menor costo de producción de carne, es sin duda el NOA, con las nuevas herramientas de producción, la región con los menores costos de nuestro país», afirmó Segón. La problemática de la producción de granos en el NOA fue desarrollada por José Mejail, miembro del CREA. El trabajo presentado calculó el resultado económico que obtendría un productor que arrienda un campo en las diferentes zonas sobre los porcentajes de ocupación de los diferentes cultivos por zona en la campaña 2004/ '05 y los rendimientos de soja.
«En las zonas más favorables, al productor sólo le queda 9% de sus ingresos como utilidad; al dueño del campo, 14%, mientras el Estado se lleva 28% mediante el cobro de impuestos. Esta relación es todavía más complicada en el Este, donde el productor obtiene sólo 6%, en una zona donde la variabilidad y el riesgo son mayores», dijo Mejail.
El productor se preguntó cuál será el futuro de la actividad «si no retribuimos adecuadamente la generación de genética, si agotamos las reservas de nutrientes del suelo sin asegurar su reposición, si los propietarios de maquinaria consumen los magros márgenes de sus equipos y sus amortizaciones y si, en definitiva, tenemos que exprimir el sistema para poder subsistir».
«Nuestro desafío como productores será aportar todas aquellas respuestas que estén a nuestro alcance y procurar que las otras sean aportadas por quienes corresponda», finalizó.
Los técnicos concluyeron que:
• Rotaciones y planteos tecnológicos similares generan diferencias significativas tanto en la sustentabilidad ecológica como en la económica de las empresas agrícolas en ambientes distintos. Se debería buscar para cada campo y condición empresarial el sistema de producción con mejores indicadores de sustentabilidad.
• Si bien el monocultivo de soja no es sustentable, en la mayoría de los casos este cultivo es el único capaz de soportar el costo de habilitación de un campo, siempre que se mantenga en una rotación o sucesión de cultivos adecuada.
• En una actividad en la que el capital fijo (tierra) representa entre cinco y diez veces el monto del capital circulante, el precio de mercado de la tierra o su equivalente como precio de arrendamiento en muchos casos es un factor preponderante de degradación o pérdida de sustentabilidad ecológica dado que impone condiciones productivas inconsistentes con el potencial del campo.
• Los sistemas de agricultura permanente en siembra directa son sustentables tanto ecológicamente como económicamente siempre que se ajusten adecuadamente a cada ambiente la sucesión de cultivos, y el régimen de tenencia y explotación de la tierra.



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