26 de abril 2001 - 00:00

Fuerte caída de 52% en la cosecha de girasol

La cosecha de girasol de la campaña 2000/01 bajo un 52% con respecto a la del año pasado
La cosecha de girasol de la campaña 2000/01 bajo un 52% con respecto a la del año pasado
Con los últimos lotes de girasol cosechados en la provincia de Buenos Aires se da por finalizada la cosecha 2000/01, con una producción de 2.860.000 toneladas, contra los 6.000.000 de toneladas obtenidos el año pasado, registrando una reducción de 52%.

Dichos problemas en vez de disminuir fueron aumentando, ya que las abundantes precipitaciones produjeron la demora en la trilla, ocasionando los conocidos inconvenientes de volteo y desgrane de las tortas, revuelco de las plantas y pudrición en los tallos. Además, muchos lotes se cosecharon con excesiva humedad y con problemas en la calidad comercial, por ataques fúngicos.

Muchos productores, viendo que el tiempo continuaba con una inestabilidad muy particular, apuraban la entrada de las máquinas a los campos, sin importar la calidad y humedad de la semilla, y sin considerar tampoco la rotura de los caminos vecinales y los propios terrenos a cosechar. «Este año el girasol lo necesito para pagar muchas cuentas y evitar el remate del campo. Si no llego a cosecharlo, me muero...», comentaba con amargura un productor de la zona de Tres Arroyos. Y exactamente en la provincia de Buenos Aires fue donde mayor cantidad de hectáreas quedaron sin ser cosechadas, calculándose en alrededor de 140.000 hectáreas. Se estima que se sembraron 2.000.000 a nivel nacional, y que se pudieron trillar 1.780.000 hectáreas, quedando abandonadas sin cosechar 220.000.

Otra provincia muy perjudicada fue La Pampa, donde quedaron más de 36.000 hectáreas sin que se pudiera levantar el girasol. También hubo pérdidas de hectáreas en Chaco, Santiago del Estero, San Luis, Santa Fe y Córdoba, pero con cantidades menos significativas. Esta magra cosecha escribe un capítulo difícil para el agro nacional, ya que en la peor crisis estructural del sector, ocurre un hecho que pocos se atrevieron a vaticinar. Porque muchos pensaron que la reducción de área que se estimaba ocurriría este año era exagerada. Porque a pesar de la falta de políticas activas, de la poca representatividad que tienen los productores en las entidades gremiales, de la inexistencia de crédito acorde con una actividad productiva de riesgo, de la falta de interés en este sector por parte de los gobiernos de turno, el productor argentino sigue apostando a la producción, pero con inteligencia. Porque esta vez supo discernir entre los diferentes productos, cuáles son los que le dan cierta garantía de salir mejor parado en el momento de realizar los números de su balance. Por eso se sembró menos girasol.

Mal clima

La cosecha fue peor de lo imaginable por los inconvenientes climáticos que sufrió el cultivo en casi toda su evolución, pero la merma en el área fue una decisión clara de los productores de no querer sembrar algo que luego les traería problemas. Porque cada vez se agrava más la comercialización de esta oleaginosa. Año a año que pasa vemos cómo los productores pier-den confianza en estos mercados que muchos indican son manejados por algunos compradores, haciendo fluctuar los precios a su gusto, sin que nadie medie o intervenga en estos injustos procederes. Y el mejor ejemplo es cómo han bajado las cifras de los volúmenes de comercialización de girasol en los mercados de futuros. Y la gran incógnita que se presenta es qué ocurrirá en la siembra de girasol para el próximo año. Porque a los pocos productores que sembraron la oleaginosa no les fue nada bien. Y quizás encuentren en la soja, la colza, el trigo, el maíz y la cebada cultivos más «confiables» en todos los aspectos, en los productivos y en los comerciales. Qué importante sería para el país que nos diéramos cuenta de que en el sector agropecuario argentino ya no quedan tontos, sino empresarios agobiados y confundidos por la desesperación de buscar una salida rentable a su producción agropecuaria.

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