Un estudio realizado por la Bolsa de Cereales arrojó como resultado que una racha de lluvias abundantes hacia el 20 de febrero permitió salvar la situación granaria. De no haber ocurrido dichas precipitaciones, la sequía hubiera causado importantes daños.
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Esto es consecuencia del enfriamiento de los mares que rodean al Cono Sur, al punto de llegar a configurar el fenómeno denominado La Niña.
Lo ocurrido deja en evidencia la fortaleza del sector nacional de producción de granos, que debió enfrentar este verano dos situaciones de alto riesgo que, afortunadamente, se resolvieron a último momento en forma satisfactoria.
Dado que es difícil que La Niña pueda reactivarse durante marzo, ya que ese mes marca usualmenteel final del fenómeno, esta tendencia genera la posibilidad de que la última parte del verano y la primera del otoño reciban precipitaciones abundantes.
De ser así, se lograrían buenas reservas hídricas para la siembra de los cultivos de invierno, brindando la oportunidad de recuperar la producción triguera del país durante la próxima campaña agrícola.
Igualmente, esta posibilidad presenta dos riesgos:
• Mayor cantidad de lluvias daría condiciones favorables para que se produzca un avance de la roya asiática de la soja en la Argentina, mal que ya afecta a las zonas sojeras de Bolivia, Paraguay y Brasil.
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