1 de marzo 2002 - 00:00

Lechería: urgen cambios en sistema de producción

Lechería: urgen cambios en sistema de producción
A diferencia de Nueva Zelanda, la Argentina mantiene una estrategia de exportación de saldos, como forma de mantener el precio interno que le permite regular los excedentes, amortiguando caídas de precios internos que urge revisar.

La calidad natural de la leche vacuna, con pasturas a campo abierto, es sin duda superior. Tanto la Argentina (y Uruguay) como Nueva Zelanda (y Australia) cuentan con esta ventaja comparativa que hace del bien un producto diferenciado.

En el caso argentino, este aspecto no está debidamente explotado, por lo que puede concluirse que la imagen «verde» todavía es pobre.
Aun cuando no se queda atrás en calidad, con respecto a los líderes, la Argentina tiene una fuerte amenaza que no se cierne sobre ellos, esto es la cuestión sanitaria, que exige la eliminación total de la aftosa.

Por el lado industrial, las cosas están muy bien. Las empresas elaboradoras ejercen un control estricto de la calidad sobre el productor a través del precio.

Por ello, la leche se paga en función del contenido de proteína y de grasa y se efectúan rebajas en el precio, según escalas, en función de la cantidad de células somáticas y de microorganismos existentes. Estas sólo adquieren leche previamente refrigerada en el tambo, lo que incide decisivamente en la calidad y el rendimiento. A su vez, las empresas argentinas de primera línea trabajan con la certificación ISO 9000 y muchas de ellas han logrado ya implementar el sistema de control HACPP.

El modelo pastoril argentino difiere del estadounidense basado en feed-lots, con raciones preparadas con innovaciones claramente cuestionadas. El problema de la «vaca loca» en Europa es una amenaza sobre todo el sistema de producción americano. Esta es una debilidad muy fuerte que no tiene nuestro país que, mediante una adecuada campaña de difusión, debería convertirse en oportunidad.

Nueva Zelanda y Australia (ésta con subsidios) logran los precios más bajos del mundo. Nueva Zelanda, por ejemplo, accede a los mercados con un valor de 2/3 centavos de dólar por debajo de la Argentina.

Esta brecha no es tan significativa como para que no sea factible su eliminación en el media-no plazo. Se trata de una meta alcanzable. Obviamente en esta diferencia emergen problemas de macroeconomía (tasa de interés, evasión impositiva, etc.) de corte estructural.

Pero, aún partiendo de la suposición de que tales problemas no sean resueltos, en el mediano plazo es posible que se cumpla la hipótesis de cerrar tal brecha.

De esta forma, la estructura productiva, técnicamente competitiva a nivel internacional y con ventajas comparativas similares aunque levemente inferiores a Nueva Zelanda, podría volcarse hacia la exportación. Si se incrementase la producción de leche en 30%, el volumen de exportaciones argentinas se cuatriplicaría.

Las posibilidades de elaboración industrial para tal volumen son altas dado que, en rasgos generales, el parque está preparado para recibir tal volumen, habida cuenta de que existe cierta capacidad ociosa, por lo que las inversiones no deberían ser desmesuradas. Si se acentuara la estrategia de mayor producción pri-maria, en pocos años podría pasarse de un valor de exportaciones de u$s 300 millones a uno superior a u$s 1.000 millones, con productos de elevado valor agregado y claramente diferenciados.


Estímulo


El inconveniente reside en que el aparato productivo regis-tra una fuerte falta de estímulo para el aumento de la producción de materia prima. El productor sabe que si aumenta la producción por encima de los
10.000 millones de litros, el precio tiende a caer dadas las dificultades de venta al exterior y por ser el precio internacional menor al interno.

De esta forma la Argentina se encuentra en una suerte de «trampa de producción».

La situación es bien distinta en Nueva Zelanda. Los rodeos lecheros producen 70% de la producción en tan sólo cuatro meses (primavera) cuando se da la expansión de pastos. Ello significa que las fábricas no requieren un elevado suministro de leche, estable y permanente, para abastecer al mercado interno, puesto que su volumen de producción excede ampliamente a las necesidades del mercado interno (aproximadamente, sólo 10% se dirige a éste).

Así es que los tambos no requieren de suplementación de granos forrajeros que es la que encarece la producción primaria.

Se calcula que este tipo de producción mucho más pastoril que el de la Argentina permitiría un ahorro de costos del orden de 2 a 3 centavos de dólar por litro de leche. En tal caso, las posibilidades de exportación podrían ser casi similares a las de Nueva Zelanda.

Al igual que en Nueva Zelanda, estos nuevos establecimientos entregarían 70% de su producción durante la primavera a la industria para su posterior venta externa. Para lograr el ingreso a nuevos y mayores mercados se requiere una acción coordinada en el exterior que maneje el marketing del producto nacional que explote la marca nacional y atienda todos los requerimientos previos análisis de necesidades, tal como lo viene haciendo Nueva Zelanda.

A través de esta acción, y con la conducción de los organismos oficiales competentes, se debe potenciar la negociación internacional para un mayor acceso a esos mercados actualmente muy protegidos. Por tal razón, la solución estructural para elevar la rentabilidad y evitar los periódicos bajones no reside en la baja sino que, por el contrario, en el aumento de la producción primaria, para vender agresivamente al exterior, en un esquema de alta coordinación de la cadena productiva.

Es tiempo de terminar con los saldos y empezar con lo que desean afuera.

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