Un proceso de sojización indiscriminado, la distracciónfrente a la manipulación genética de las especies, la extinción de animales y vegetales autóctonos, la destrucción del bosque nativo, la contaminación de los acuíferos son tan sólo algunas de las partes visibles de un modelo agropecuario corporativo y neoprivatizador de las funciones y misiones indelegables de la cartera agropecuaria y organismos dependientes que afecta a los intereses de los productores, relega a los de la Argentina como Nación e impide tejer un verdadero proyecto agropecuario nacional. A ello se suman otros ejemplos: la identificación individual compulsiva de los bovinos y al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna, a las estructuras ejecutivas del SENASA, el INTA y el INASE, a la superposición de funciones y misiones de organismos para gubernamentales innecesarios, proyectos de aranceles estatales para acción gremial y regalías globales, costos y operativos de vacunación compulsivos, ciertas características de los planes de lucha contra las enfermedades del ganado y la discriminación gremial. Consideramos que éste es un camino equivocado sobre el que debemos advertir, ya que en muchos aspectos no se aparta del transitado por la Argentina durante el modelo de la convertibilidad, con sus funestas consecuencias.
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Esta orientación continúa propiciada o, al menos, aceptada, por muchos de quienes desde afuera y desde adentro de la Secretaría de Agricultura parecieran inmersos en una burbuja impenetrable de autoritarismo e intereses que no les permite escuchar ideas ni propuestas diferentes o atender en las mesas de los consensos a quienes visualizan, por fuera del oligopolio gremial establecido, la necesidad de una Argentina agropecuaria distinta, en muchos aspectos coincidente con el rumbo que en otros ámbitos lleva con acierto el gobierno nacional.
Esta inexplicable dualidad ideológica excluye al sector agropecuario de los cambios y nuevas políticas, y como consecuencia, lo congela junto con buena parte de los defectos que posibilitaron la catástrofe de los noventa.
• Opiniones
Aun así, los productores agropecuarios, luego de haber transitado ese largo y penoso período de padecimiento, convertibilidad, entrega del patrimonio nacional, concentración de la tierra y la economía y desarraigo y éxodo rural, esperan que los beneficios que se perciben ahora en el campo como consecuencia de los cambios macroeconómicos, la salida de la convertibilidad, la pesificación, recomposición de precios relativos y un contexto internacional favorable se prolonguen en el tiempo a través de una verdadera política agropecuaria nacional con un modelo que promueva la sustentabilidad del sistema productivo y preserve y desarrolle el tejido social del interior. La Secretaría de Agricultura no puede ni debe continuar con la misma metodología autoritaria y excluyente que en el pasado impidió corregir a tiempo los errores de aquel modelo económico que ahora, como por arte de magia, devino sin auspiciantes, adherentes ni responsables. Si bien la situación actual no se presenta con la gravedad de la de nuestro pasado reciente, puede, en el mediano y largo plazo, afectar una vez más los intereses de los productores y del país, provocar en el campo una nueva ola de quebrantos, colocar en alerta rojo a la ecología, la seguridad y la soberanía alimentaria y, como consecuencia, a la calidad, sanidad y diversidad de nuestras exportaciones.
Las entidades son representativas a través de los hombres y mujeres que las conducen en tanto y en cuanto éstos interpreten las necesidades y los problemas que aquejan a sus representados con una visión y un análisis inteligentes que miren al mediano y largo plazo. Defender la cultura productiva de la familia y la pequeña y mediana empresa rural implica tener memoria agropecuaria, es recordar lo sucedido para poder contrarrestar los poderosos aparatos de desinformación interesada que intentan anularla para establecer un modelo agropecuario en función de sus propios intereses. Tan sólo como ejemplo, debemos decir que mientras las explotaciones agropecuarias de los Estados Unidos poseen un promedio de 200 ha; y las de Francia, principal productor de Europa, menos de 50 ha, en la Argentina se instala la idea de la necesidad de miles de ha por productor como ejemplo de competitividad y eficiencia para no desaparecer.
Los dirigentes sólo somos una parte de esa historia que va tejiendo conocimiento y experiencia para las nuevas generaciones de mujeres y hombres del campo, y algunos de ellos deberán tomar la posta y continuar el camino. Los errores y aciertos del pasado, sin deformaciones interesadas, asegurarán dirigentes agropecuarios merecedores hereditarios de esa pesada carga que implica la defensa de los legítimos derechos.
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