6 de abril 2004 - 00:00

No hay incentivos para inversiones en el campo

La economía argentina está disfrutando de una coyuntura muy favorable a nivel internacional en sus términos de intercambio, producto del alza significativa de los precios de los commodities y la devaluación del dólar. Al mismo tiempo, las muy bajas tasas de interés en los mercados externos frenan la salida de capitales ya que no encuentran colocaciones atractivas que las salven de la desvalorización.

La industria sustitutiva de importaciones se ve favorecida no sólo por el alto tipo de cambio real doméstico y el dólar devaluado internacionalmente, sino por un alza exponencial de los costos de fletes internacionales. En contraposición, este aumento de los fletes internacionales afecta en parte nuestras exportaciones y encarece los insumos tanto para la industria como para el agro.

El balance para la economía nacional en esta coyuntura es por el momento sumamente positivo, pero el riesgo es que la renta extra que genera esta situación no se destine a inversiones, sino a gasto superfluo, y que cuando se retorne a un período menos propicio, volvamos a caer en una profunda crisis.

La economía argentina tiene la gran oportunidad de promover inversiones productivas y en infraestructura. El sector agropecuario está realizando inversiones en maquinarias, construcción e infraestructura, además de generar una creciente demanda de insumos y productos de consumo que favorece principalmente al interior del país.

• Liquidez

La agroindustria anuncia inversiones en nuevas plantas y puertos. Sin embargo, el alza de los precios de la soja, principalmente, y del resto de los granos, en menor medida, genera una liquidez en el sector que paraliza las ventas por no tener el productor alternativas de inversión. Ya no puede expandirse en campos para arrendar o comprar porque los precios superan los máximos históricos, y la industria de la maquinariaestá trabajando al máximo de la capacidad instalada.

La soja paga 23,5% de retenciones a las exportaciones, casi u$s 80 por tonelada. Pero, igualmente, a los valores actuales y a pesar de la merma en los rindes obtenidos, el productor en campo propio debería pagar adicionalmente entre u$s 35 y u$s 50 por tonelada de Impuesto a las Ganancias y u$s 10 a u$s 25 por tonelada en campos arrendados.

Sin posibilidades de inversión y colmadas sus necesidades de gastos, y además teniendo que pagar Impuesto a las Ganancias si vende, el productor retiene los granos por más de una campaña y puede dejar pasar el período de mayores alzas de precios, y así la cadena comercial y el país en general podrían dejar de percibir muchos dólares. Por lo pronto, dilata ventas, la declaración de las sementeras y oculta los stocks producidos.

Sería deseable que se implemente un mecanismo de incentivo a las inversiones
que
permita desgravar del impuesto los importes que se inviertan en, por ejemplo, retención de vientres o nuevos emprendimientos ganaderos, maquinarias nacionales, silos, nuevos desarrollos en economías regionales, manufacturas de productos agropecuarios, investigación y desarrollo genético y de biotecnología, ecuación en el interior del país y radicación de familias urbanas en zonas rurales.

Estas son algunas ideas, y es previsible que surgirán muchas otras actividades que pueden promoverse e incentivarse con desgravaciones del Impuesto a las Ganancias.

Si el gobierno piensa que será más eficienterecaudar el impuesto y luego decidir a qué gastos lo destinará, se fomentará la retención de las cosechas
, se perderá la oportunidad de aprovechar los mayores precios, y entonces tanto el sector privado como el estatal dejarán pasar la oportunidad de aprovechar los beneficios excedentes del alza de precios internacionales en su gran magnitud. Y luego, cuando vuelvan los precios a sus niveles promedio, no estaremos preparados para competir ni en condiciones de generar ahorros semejantes para fomentar las inversiones.

(*) Economista - Presidente de Agropuerto

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