15 de julio 2008 - 00:00

"Resolución 125 destruye mercados"

Como genuino integrante de la producción y cultores del trabajo y esfuerzo, me parece oportuno hacer algunas reflexiones ante el cariz que ha tomado el conflicto generado por el gobierno contra el campo y que arrastró a toda la sociedad a una verdadera curva descendente con final incierto.

En primer lugar, llama poderosamente la atención la falta total de conocimiento del sector agropecuario por parte de quienes gobiernan.

Pensar que la señora Presidente decía recientemente que hoy puede dar clases de soja, maíz, vacas, etc. Realmente, ante estas expresiones, pensamos en los pobres alumnos a los que les tocará en suerte.

Seguir apostando a la soberbia, prima hermana del desconocimiento, nos es una buena decisión. Máxime en quien tiene que regir los destinos de la Nación y sus habitantes.

Ya lo decía Einstein: «Es imposible resolver algo, aplicando los mismos errores que originaron el problema». Lamentablemente, esto ocurre hoy en el país y así estamos.

La Resolución 125 es confiscatoria por donde se la mire. Atenta contra el ingreso. No sobre la renta. Es regresiva, desvirtúa y destruye los mercados. No promueve el crecimiento, ¡lo castiga!

Nos preguntamos los que todavía apostamos a la producción, ¿es posible continuar en esto? Sin mercados. Evidentemente la respuesta es un no rotundo.

Es imperioso para el bien de todos que quienes tienen la obligación de gobernar, estén a la altura de las circunstancias.

El camino es el diálogo, no la confrontación, la cual detestamos.

La división e independencia de poderes es vital para la salud de la República, hoy desgraciadamente la vemos enferma. Pero no por ello nos resignaremos. El Poder Ejecutivo amedrenta, menosprecia y amenaza a su vicepresidente.

El Poder Legislativo sufrió el embate despiadado en Diputados de aprietes, pases de facturas, etc. Dios quiera que ello no ocurra en el Senado.

Afortunadamente, algunos cambios se están produciendo en la provincia a la que pertenezco, Santa Fe. Actualmente, sus Senadores Nacionales están honrando el poder que les confirió el pueblo para defender sus intereses, y lo están haciendo holgadamente y a la altura de las circunstancias.

Cosa muy distinta a la que hicieron un sinnúmero de diputados nacionales electos por la provincia de Santa Fe, que seguramente olvidaron su origen. Esto no le hace bien a nuestra región y contagia al país en el retroceso.

Es obligación de quienes gobiernan o tengan algún nivel de incidencia de recorrer los pueblos y ciudades de todo el país y tomar contacto con su gente y la realidad, no sólo en etapa de campaña proselitista, sino en el día a día. Si esto se hiciera, muchas de las cosas que ocurrieron en estos larguísimos e interminables cuatro meses no hubiesen sucedido y no se estaría en esta tensa situación.

De esto se sale con proyectos, con consenso. No con provocaciones, ni engaños y falta de planes racionales.

Si se pretende compensar, es porque se parte de la hipótesis de que algo está mal. Compensaciones que tienen vigencia sólo hasta octubre y que pocos por ser benévolos comprenden su funcionamiento y claridad.

Lo que está pésimo es ignorar la realidad. Este debilitamiento y resquebrajamiento del país no lo queremos ni propiciamos, es urgente salir de esto y el camino es uno solo: con inteligencia, sin caprichos ni rencores.

Es menester nivelar para arriba, saber leer y ver qué está pasando acá y en el mundo.

La Argentina puede y debe ser el motor para alimentar al mundo y por supuesto a todos los argentinos. Para esto hay que trabajar, hay que capacitarse, abrir fronteras -no cerrarlas- asignaturas pendientes por todos conocida.

Los productores queremos el bienestar y el progreso para todos, no concebimos el nivel de confrontación, reclamamos por nuestros derechos, pedimos ser escuchados y entendidos.

Pensar que no tenemos ni un Ministerio de Agricultura; y lo que es peor, una secretaría ausente y sumisa.

Que la reunión en Buenos Aires en el Monumento de los Españoles sea la acabada muestra de que el campo no se resigna. Quiere paz, trabajo y posibilidades con reglas de juego claras y permanentes.

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