A medida que pasan los días continúan los serios inconvenientes con el ritmo de la cosecha gruesa argentina. Tanto el maíz como la soja -el girasol está todo cosechado-están sufriendo las inclemencias actuales. Cada 48 a 72 horas se están produciendo lluvias en la región productora, ocasionando todo tipo de problemas para la normal evolución de la zafra.
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En el caso del maíz, las plantas toleran el exceso de humedad bastante tiempo, llegando en muchos casos a tener agua en los basamentos de los plantíos hasta 20 días, sin tener mayores inconvenientes. Lógicamente luego de que el terreno se seca y se puede entrar con las máquinas, los rindes no son los mejores y quizás algún problema en la calidad comercial del cereal se encuentre, pero, en definitiva, se puede cosechar.
Pero en el caso de la soja la situación es muy distinta. Cuando las plantas se encuentran maduras a punto de poder ser cosechadas, las chauchas con los porotos se ubican a una distancia muy cercana al suelo. La humedad del mismo, el exceso de precipitaciones y la escasez de sol hacen que las chauchas se abran dejando caer la soja.
Con este escenario también ocurre que las plan-tas comienzan a tener problemas de ataques fúngicos, haciendo manchar a los porotos, descalificándolos luego para ser descargados en las fábricas o en los puertos desde el aspecto de la calidad de recibo permitida. Con las continuas precipitaciones de los últimos días, los guarismos previstos de posible producción sojera nacional, continúan disminuyendo. La producción sojera argentina no pasará los 25 millones de toneladas. Los últimos cálculos que se están realizando luego de monitorear «in situ» los campos cosechados y los terrenos a levantar de esta oleaginosa, dan cifras realmente preocupantes.
Ya se calcula que la producción de soja de la presente campaña puede ser alrededor de 24.750.000 toneladas. Y estos números a pocos los toma desprevenidos, porque a pesar de que muchos continúen vaticinando una producción mayor, bien saben que los inconvenientes en la cosecha existen, y día a día que pase, se irán agravando fuertemente. A tal punto se está siguiendo la evolución de nuestra cosecha gruesa en todo el mundo, que el Departamento de Agricultura de los EE.UU. (USDA) ya está previendo modificar sus estimaciones, bajando en los próximos informes, las cifras de 26 millones de toneladas manifestadas en la actualidad por este organismo. De las 10.450.000 hectáreas sembradas con soja, ya se han perdido por los motivos antes descriptos, alrededor de 420.000 hectáreas.
Y el mercado de Chicago también está expectante de lo que ocurre en América del Sur, porque esta tardanza en la zafra y el menor volumen cosechado influirá en los valores de la oleaginosa. Además, en el país del Norte se está definiendo cuál será la cantidad de hectáreas que dedicarán para la siembra de soja. Siendo esto también un motivo disparador de subas o bajas en los valores.
Maquinaria
En tanto los hombres de campo argentinos tienen que lidiar no sólo con las inclemencias, sino también con los maquinistas y los camioneros. Son muchas las quejas que llegan de productores que cuentan que hasta hace unas semanas la cosecha de una hectárea costaba $ 30. Ahora se está cobrando desde $ 45 hasta $ 50 por hectárea.
«Vienen al campo, miran si está embarrado y después, si deciden quedarse, nos piden unas tarifas imposibles de pagar...», comentaba con desagrado un productor de Tres Arroyos, al sur de Buenos Aires.
Y esto ocurre porque el retraso en la cosecha hace que todavía se estén recolectando algunos lotes en Santa Fe, en Córdoba y en el sur bonaerense, todo al mismo tiempo.
Entonces los encargados de las cosechadoras deciden a qué lote entrarán, dependiendo esto de la tarifa que le puedan cobrar al interesado, de que el campo esté sin agua y de que los caminos vecinales estén en buen estado de conservación. Esto que está ocurriendo hace que en algunos campos ya sea tarde para poder ser cosechados, trayendo la pérdida total del lote.
En el caso de los fletes ocurre algo similar. Un flete que costaba $ 22 ahora se está cobrando alrededor de $ 30 o más. Estos serían otros de los problemas que están sufriendo los productores granarios argentinos, viendo cómo se mal interpreta la buena ley de la oferta y la demanda. Porque la incógnita que manifiestan los chacareros es qué ocurrirá con los cosechadores y camioneros a partir de agosto, cuando ya no tengan trabajo.
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