El directorio del Mercado a Término de Buenos Aires habilitó como destino para las operaciones de girasol a la localidad de Carlos Casares.
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Este destino abarca un radio de 50 kilómetros a contar desde la plaza central de la mencionada ciudad. La medida causó sorpresa en más de uno de los operadores del MAT, ya que en la jerga granaria, un destino como éste se denomina: Puerto Seco. Irónicamente, justo esa ciudad y toda la región se encuentran bajo las aguas, existiendo en sus alrededores más de 2 millones de hectáreas inundadas, y más de 3.000 kilómetros de caminos vecinales totalmente anegados. «Además de venta en camiones, tendrían que habilitar carga en botes, lanchas y piraguas...», comentaba con sorna un viejo operador de la Bolsa de Cereales. Y a pesar de que algunos tomaron con humor la decisión del directorio del mercado, otros aseveran que esta medida es un verdadero desatino.
El justificativo extraoficial de la habilitación de este nuevo destino se basa en que de esta forma los vendedores de girasol tienen la oportunidad de realizar operaciones con un destino cercano a la planta de Nidera Arg. -en Junín-y de Molinos Río de la Plata -en Gral. Villegas y Trenque Lauquen-. Porque cuando la fábrica mencionada en último término toma la decisión de dejar de moler en Buenos Aires, algunos operadores indicaron que este mercado quedaría a merced de algún comprador aislado con planta cercana a Dársena.
Además, Carlos Casares no es un destino en el cual se podrá entregar mercadería, sino que solamente se tomará como para realizar el cálculo de flete y contraflete a las localidades bonaerenses antes nombradas. Lo inexplicable es por qué se «inventa» este nuevo destino, si dicho cálculo ya se realizaba cuando se hacían las operaciones con Dársena (Buenos Aires). Si antes se dudaba de la transparencia de este mercado, hoy la discusión ya tiene conclusiones lapidarias.
Descreimiento
La mayoría de los operadores ve cómo el negocio de la intermediación granaria se achica y complica, y no creen que una medida de esta naturaleza sirva para promover el aumento de las operaciones. En esta disminución de los volúmenes de contratos influye la gran cantidad de negocios que se están realizando en negro en el interior. Los famosos valijeros continúan trabajando como en el mejor de los tiempos sin ningún tipo de control, y sin que las autoridades hagan algo al respecto. Lógicamente, esos negocios no llegan a los escritorios de los acopiadores, cooperativas y corredores, quienes trabajan cumpliendo a rajatabla los parámetros que marca la ley.
Debemos considerar también que en los últimos años se comercializan los granos a precios excesivamente bajos, por ende, generando comisiones que no llegan a cubrir los insumos y gastos de los comercializadores. Y ahora debemos agregar el tristemente famoso impuesto al cheque, que a pesar de que los comerciantes granarios tienen una alícuota menor, todavía es exce-siva y repercute nocivamente en las posibilidades de obtención de ganancias. Porque debemos considerar que los acopios, cooperativas y, en especial, los corredores comercializan «por cuenta y orden de terceros». Carlos Casares Puerto Seco parece una ironía que pega duro en el ánimo de la gente de aquella región. Alguien cree que esta medida tiene un basamento político, buscando el congraciarse con los productores perjudicados por las inundaciones. Muchos dicen que es una nueva muestra de la desesperación de los directivos del MAT en busca de frenar las bajas en las operaciones, sin encontrar los medios para atacar los verdaderos motivos que las ocasionan. Otros dicen que dichos motivos no serán liquidados nunca por intereses económicos fuertes que influyen en algunos operadores y sus empresas. Todos opinan, algunos deciden, pocos hacen algo. En tanto, los productores continúan sin confiar plenamente en un mercado de futuros que es el ideal de los sistemas de cobertura a las fluctuaciones de precios. Y la realidad de los volúmenes deja en evidencia esto.
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