Hacia fines del año pasado,las expectativas que teníamos en el sector ganadero eran muy favorables, motivadas por el contexto internacional y por un mercado interno que continuaba firme y en expansión.
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Habíamos aumentado la productividad de nuestros rodeos y se multiplicaban los proyectos de inversión en pasturas e infraestructura en nuestros establecimientos, con el objetivo de seguir creciendo en producción y calidad.
Si bien las condiciones climáticas de la región el año 2005, con falta de lluvias que impactaron con menores destetes en la última campaña, y un estado corporal de las vacas que condicionaban los futuros servicios se presentaban como una restricción a estas expectativas, las proyecciones de precios razonables hacia el futuro hacían posible trabajar sobre potenciales mejoras en los sistemas de alimentación del rodeo productivo.
Lamentablemente, las medidas que son de público conocimiento han retraído esas expectativas de crecimiento y consideramos que fueron muy perjudiciales no sólo para los productores, sino para toda la cadena cárnica y para el país en su conjunto.
Nuestra región del NEA, en la que nos incluimos como productores del norte santafesino, tuvo un impacto muy duro a nivel de rentabilidad: primero por la baja del precio de nuestros terneros, como un efecto inmediato de la Resolución-645, y luego con la sensible-caída de los precios de la vaca de invernada y de los novillos pesados, que como consecuencia de la prohibición de exportar tuvieron una reducción de aproximadamente 35% en sus valores respecto de febrero-marzo 2006.
La variable precio, que no maneja el productor, es el elemento más sensible en la determinación de la rentabilidad de una explotación ganadera. Es imposible compensar con mayor productividad una caída en los precios y sobre todo de tal magnitud.
El 76% de los productores del norte de Santa Fe tiene menos de 500 cabezas y ese indicador es de 54% si tomamos los establecimientos de menos de 200 animales. Sólo 9% tiene más de 3.000 animales y una escala que le permite afrontar costos de estructura ante una semejante caída de precios. La lejanía de los principales mercados de consumo es otro condicionante para los productores del NEA y esas pequeñas explotaciones no encuentran muchas alternativas en el momento de comercializar la hacienda.
Estamos convencidos de que expectativas de precios razonables que posibiliten al productor un moderado nivel de rentabilidad y reglas de juego claras a mediano plazo, sin interferencias que alteren uno de los mercados que se mueven en condiciones muy similares a los de competencia perfecta, son los mejores argumentos para que el productor vuelva a invertir, a proyectar su futuro y a tener posibilidades de crecer en la actividad.
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