6 de diciembre 2006 - 00:00

Urge defender la comercialización

Los mercados de productos agropecuarios son naturalmente oligopsónicos, en tanto se estructuran con una mayor atomización de vendedores que de compradores. A ello hay que adicionar la habitual diferencia en la capacidad de negociación que existe entre uno y otro sector si se los considera individualmente.

El proceso económico que ha vivido el mundo en general y la Argentina en particular durante los últimos quince años ha dejado en evidencia y profundizado dichas desigualdades comparativas entre sectores y los perjuicios que fundamentalmente los más débiles -ubicados del lado de la oferta- están soportando. Esta situación se ha visto agravada en los últimos meses como consecuencia de la distorsión adicional que ha ocurrido en los mercados debido a la intervención directa y/o indirecta del Estado nacional tratando de manipular los precios.

El Estado ha favorecido la consolidación de una posición a partir de la cual es difícil alcanzar un equilibrio estable, ya que habitualmente las decisiones de los compradores guardan cierta relación. Mediante su accionar, el Estado ha logrado que los compradores lleguen a acuerdos de distinto tipo para establecer precios con cierto grado de discrecionalidad que claramente están perjudicando a los productores y cuya no resolución habrá de significar un nuevo golpe a la principal actividad productiva del país.

El actual sistema de comercialización argentino muestra que, diariamente, para cada producto hay una gran cantidad de precios disponibles, con importante dispersión entre sí, en función de lugares de entrega, formas de entrega, plazo, modalidades de pago, calidades, etc.

Además, tienen variaciones importantes durante el día. Ni siquiera esta realidad elemental de nuestro mercado ha sido tenida en cuenta por el accionar oficial. El ejemplo del trigo es el más elocuente al respecto.

El sistema institucionalizado que concentra las operaciones en nuestro país, sea de carnes o de granos, ha mostrado su eficiencia a lo largo del tiempo. Este sistema ha estado enfocado a ofrecerle una salida adecuada de su producción al productor. Pero también contempla, tanto para el consumidor como para el fabricante, la seguridad de una oferta constante, lo que constituye un servicio fundamental para la normal planificación de su actividad.

  • Limitaciones

    Lo dicho previamente le ha permitido a la Argentina contar con las estructuras orgánicas necesarias para dotar a este sistema de la imprescindible eficiencia que los tiempos requieren. Hoy el accionar del Estado, con el argumento de proteger a los sectores de menores recursos, ha impuesto limitaciones al desarrollo de estos mercados poniéndolos al borde de su desaparición con el perjuicio que ello habrá de provocar sobre los sectores productivos.

    El mantenimiento de sistemas de mercados transparentes ayuda en el logro de una mayor igualdad de oportunidades para todos los participantes del mercado.

    Es imprescindible que todos los sectores involucrados salgan en defensa de un sistema comercial que, a pesar de sus imperfecciones, intenta que todos sus potenciales participantes cuenten con la misma posibilidad de información, de manera de evitar la manipulación y la distribución de los precios que allí se establezcan. De esta manera se racionaliza y ordena el mercado en beneficio de toda la comunidad, facilitando la función de contralor que debe existir para mantener un adecuado equilibrio del interés general.
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