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6 de octubre 2026 - 00:00

Charlas de quincho (Parte II): Bullrich copó IDEA, Lacalle Pou incomodó a Milei, cables bajo tensión y un micro atrapado

Patricia Bullrich y los movimientos hacia 2027. El contrapunto entre Javier Milei y Luis Lacalle Pou. Bronca por la ausencia de funcionarios y la superposición con el Argentina Week. El almuerzo de Hernán Lacunza y los puentes con Axel Kicillof. Economistas con pronósticos recortados. Quejas por el Sheraton, los paneles y los coffee breaks. Una clase de mindfulness con final inesperado, vinos, gastronomía y anécdotas. Además, rumores, negocios en revisión y preocupación por el consumo.

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Patricia Bullrich y los movimientos hacia 2027. El contrapunto entre Javier Milei y Luis Lacalle Pou. El almuerzo de Hernán Lacunza y los puentes con Axel Kicillof.

El Coloquio de IDEA volvió a convertir a Mar del Plata en punto de encuentro del poder empresario. CEOs, banqueros, dirigentes políticos y ejecutivos repartieron las horas entre el Sheraton, almuerzos, cócteles y reuniones paralelas, en una ciudad que recibió a los coloquistas con lluvia, frío y temperaturas que llegaron a los 6 grados. Por eso, Charlas de Quincho continúa hoy, tras el primer envío del lunes.

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IDEA quiso correr la mirada de la coyuntura y discutir una agenda de largo plazo, pero 2027 se coló por todos lados. En los pasillos convivieron el respaldo al rumbo económico con la cautela por una actividad que no termina de arrancar en varios sectores y un incipiente “modo espera” ante el adelantamiento de la discusión electoral. “El rumbo ya no se discute”, sentenciaba un dirigente empresario. Otra cosa son los tiempos, la actividad y las perspectivas para el año próximo.

Los había de dos grandes grupos: los que estaban exultantes con sus resultados -energía, minería, agro, finanzas, y los que miraban esperando el derrame o las mejoras para sus sectores, reconocían, con absoluto parate. Logística un ejemplo.

Pero no todo fueron balances, reformas y elecciones. Hubo tragos de autor, vinos, ceviches, consejos para salir mejor en las fotos y hasta ejercicios de respiración profunda. También momentos de tensión: Javier Milei incomodó a parte del auditorio con un nuevo round contra la prensa, Luis Lacalle Pou se llevó elogios y selfies y Patricia Bullrich terminó eclipsando buena parte del segundo día.

Como ocurre cada año, mientras en los salones se discutía el futuro de la Argentina, por afuera transcurría otro Coloquio, más distendido y menos protocolar.

Ámbito fue media partner de IDEA, desplegó un stand por donde pasaron los principales referentes del mundo empresario.

Una foto, cien mujeres y consejos para posar

El Coloquio comenzó con un almuerzo que ya se convirtió en tradición: el de las mujeres coloquistas. Entre tragos de autor, cazuelas y mini desserts, en el Torreón del Monje unas cien mujeres se juntaron para hacer networking y planear la foto de familia que, el segundo día, suelen tomarse en la escalera del Sheraton.

Para la pose de este año tuvieron un sorpresivo coaching. Sandra Borghi, experiodista que ahora incursionó en la asesoría en comunicación, dio tips sobre cómo pararse frente a una cámara y transmitir confianza. La sesión incluyó ejercicio práctico, despertó risas y generó un momento de distensión entre las asistentes, que luego escucharon con atención una charla sobre finanzas.

“Parecemos muchas, pero después en el Coloquio seguimos siendo pocas en comparación. Tenemos que ser cada vez más”, reflexionaban varias mientras subían al micro que las trasladó al inicio oficial del encuentro.

La bronca con París

Por lo bajo, entre los organizadores había cierta bronca con el Gobierno. La fecha del Coloquio estaba definida desde hacía meses y, aun así, el Argentina Week en París terminó coincidiendo con el encuentro empresario de Mar del Plata.

“Por lo menos hubieran venido algunos ministros...”, reprochó una empresaria del sector financiero. La coincidencia vació al Coloquio de buena parte de las figuras nacionales que tradicionalmente desfilan por el Sheraton. Del equipo económico, la única presencia de relevancia fue la del presidente de la Comisión Nacional de Valores, Roberto Silva.

Se valoró, de todos modos, que desde Francia llegaran mensajes de funcionarios y también que Milei aceptara cerrar la primera jornada mediante una entrevista por videoconferencia. Gobernadores tampoco abundaron: muchos estaban precisamente en París. Pero llamó la atención algo más amplio. Casi no hubo legisladores, fue escasa la presencia de dirigentes opositores y tampoco se vio la habitual representación del Poder Judicial o del sindicalismo.

Un observador de lujo

“Puff, otra vez lo mismo”. CEOs y directivos de varios bancos no ocultaron su aburrimiento ante un nuevo round de Javier Milei contra la prensa.

El Presidente se enzarzó con José del Río durante la entrevista que cerró el primer día. En videollamada —no faltaron los comentarios sobre su atuendo y la oscuridad de la imagen—, Milei acusó a La Nación de proteger a periodistas “que amenazaron y mintieron” sobre funcionarios del Gobierno. Menos mal que el propio Presidente había pedido definir al moderador.

Estética de clandestinidad en la aparición de Milei desde Francia.

La incomodidad se adueñó del salón, que venía de aplaudir el discurso moderado del expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou que puso de relieve la "prudencia" y la "paciencia" como atributos ineludibles en el arte de gobernar.

“A mí qué me importan los periodistas, yo quiero escuchar de economía”, susurró un empresario metalúrgico a otro del mismo sector. El auditorio se relajó y regaló uno de sus primeros aplausos cuando Milei se mofó de competir contra sí mismo y aseguró que no le importaban las encuestas que adjudican buena imagen a Myriam Bregman y al gobernador bonaerense Axel Kicillof. Los aplausos que subsiguieron fueron tenues y el comentario del "monoambiente con la persiana baja" fue unánime.

Milei tuvo un observador de lujo. Cerca del escenario, atento, Lacalle Pou siguió las palabras del Presidente desde París. A medida que Milei subía en estridencia y verborragia, el uruguayo mostraba señales de incomodidad. Pies y manos inquietas, miradas de reojo a los empresarios que se reían de los ataques e insultos. Hasta que llegó a un límite: Lacalle Pou dejó el salón cuando Milei comenzó a vociferar contra la casta.

No fue casual. El expresidente uruguayo se había referido al concepto durante su exposición, pero evitó intencionalmente utilizar esa palabra. “Ustedes los argentinos pusieron de moda una palabra para ese concepto”, dijo.

Al terminar la participación de Milei, Lacalle Pou recogió elogios. En el hall del Sheraton, decenas de empresarios esperaron su turno para sacarse selfies e intercambiar algunas palabras con él. “Lo increíble es que hayamos aplaudido lo que él dijo sobre tolerancia, respeto e institucionalidad, y después estuviéramos aplaudiendo a Milei. No cambiamos más”, reflexionó un empresario autopartista. La misma reflexión, con distintas variantes, volvió a escucharse durante los días siguientes.

Bullrich jugó de local

Si alguien copó el segundo día fue Patricia Bullrich. No se limitó a la disertación prevista en la agenda. Antes se montó una conferencia de prensa en el propio Sheraton y llegó acompañada por un despliegue de seguridad que llamó la atención de los asistentes.

La custodia llegó incluso a habilitar o restringir el paso de los propios empresarios que participaban del Coloquio antes de que Bullrich subiera al escenario principal. Después llegó la exposición y la senadora terminó modificando los tiempos de toda la jornada. Los CEOs retrasaron más de una hora su partida hacia las reuniones de networking, uno de los momentos más esperados para distenderse e intercambiar contactos.

Bullrich llenó en idea el espacio que dejaron vacantes otros dirigentes oficialistas.

“Jugó de local”, resumían en los pasillos. “Es de las más queridas en el mundo empresario”, agregaba otro asistente. Hubo también una lectura política: “Se mostró como candidata, pero no parece que vaya a sacar los pies del plato”. El comentario general entre varios asistentes fue todavía más explícito: muchos aspiran a que Bullrich encabece una fórmula presidencial, sea dentro de La Libertad Avanza o por fuera.

La actividad continuó en el Costa Galana, donde almorzó con cerca de 40 empresarios. El encuentro había sido reservado, aunque la propia Bullrich le quitó misterio.

“Fue genial. Cuando hicimos el acuerdo de no contar nada, nos dijo que podíamos decir todo lo que había contado porque no tiene off”, se sorprendía un directivo de una farmacéutica multinacional.

“Está muy bien, no sé a qué será candidata, pero está preparada”, aseguró un operador de logística de Vaca Muerta.

Lacunza y un almuerzo en paralelo

Hernán Lacunza también tuvo su propio almuerzo. Unos 25 directores de IDEA y empresarios se reunieron con él en paralelo al encuentro de Bullrich. La coincidencia obligó a repartir asistentes. Pero había un problema: todos querían estar en el almuerzo de Patricia.

En los pasillos del Sheraton, además, la presencia de Lacunza pasaba prácticamente desapercibida. Dos de quienes compartieron su almuerzo seguían interpretando su movimiento presidencial como una candidatura acaso testimonial, funcional a la discusión entre el PRO y La Libertad Avanza rumbo a 2027.

Lacunza, sin embargo, se muestra decidido a jugar en la carrera presidencial. Durante el encuentro también le preguntaron por los insultos y ataques de Milei en su discurso. Entre algunos de los presentes no cayó bien que el exministro buscara mantenerse al margen del asunto.

Incluso, en paralelo al Coloquio, en Buenos Aires, Juan Grabois llegó a postular a Lacunza como su eventual ministro de Economía en una cena con el mundo productivo. Un flaco favor al extitular de la cartera en tiempos de Macri.

Bodega pasada por agua y pronósticos recortados

Durante esa misma tarde, uno de los eventos de networking siempre más convocantes es el que está inspirado en Baco: la visita a la bodega Costa & Pampa de Trapiche que queda a unos cuantos kilómetros de distancia pero que invita al esfuerzo físico preferido por muchos, levantar copas con cabernets y malbecs Gran Medalla. Fue la cita de consultores, empresarios y hasta del fiscal Diego Luciani, invitado estelar para el panel de justicia y el que se llevó grandes aplausos del auditorio rememorando los pormenores de la causa Vialidad.

El tiempo jugó una mala pasada para una actividad lúdica al aire libre. A pesar de los calentadores "hongo" que combatían la baja temperatura, la alternancia de una llovizna persistente con instantes de sol obligó a mudar la tertulia al interior de la bodega. Para esa altura ya se habían devorado las suculentas picadas de fiambres y los asadores estaban repartiendo sanguches de cuadril, mientras la fila se hacía larga para el refill de tinto. No tuvieron mucho éxito las estaciones de cerveza artesanal y de vermouth en ese clima poco amigable. La gente prefería calentarse con el vino

Adentro, Luciani era una de las figuras más convocantes. Fotos, consultas y curiosidad del empresariado por el fiscal que llevó adelante el juicio Vialidad y que le valió la única condena firme a la ex presidenta Cristina Kirchner. Durante su ponencia en el panel de justicia, el fiscal dejó un dato destinado a apaciguar el siempre frágil temor de los ejecutivos por el regreso de la ex presidenta. Simplemente les recordó que la inhabilitación perpetua a ejercer cargos públicos que acompaña la condena de Cristina se encuentra firme y es indiscutible más allá de las observaciones de tribunales supranacionales. Algunos parecieron respirar aliviados. Otros no captaron la sutileza.

Más allá de lo taquillero, hubo espacio para conversaciones más reducidas donde economistas que trabajan para importantes entidades reconocían que estaban terminando de ajustar sus proyecciones de crecimiento para sus clientes o empleadores. A la baja. Menos del 2%, afirmaban con gesto adusto. El diagnóstico de la economía no era bueno, desde antes del informe del JP Morgan.

"Va a morir con las botas puestas" era la reflexión sobre el Gobierno y su propuesta para 2027. Parecían implorar que hubiese medidas de corte populista que le dieran competitividad y para intentar levantar la microeconomía que, en algunos casos, notaban devastada. Pero, a la vez, la paradoja era que todas esas herramientas ya se utilizaron en el pasado y replegarían las banderas que cuelgan del mástil al que Milei se ató. Duro panorama para quienes leían números pero no tanto para quienes hacían análisis políticos.

Y es que en esas mismas mesas se debatían los experimentos electorales con un año de anticipación. Hubo datos pero también espacio para las hipótesis. Para el empresariado, el mejor escenario sería que Bullrich acaparara la escena como candidata con pleno apoyo de Milei en un hipotético y muy teórico renunciamiento tras el "equilibrio" alcanzado en la macro. Con esta tesis, el oficialismo se impondría en primera vuelta sin margen de error.

Pero, con justicia, reconocían que Milei podría analizar eventualmente esa chance desde su lógica personal. Sin embargo, nadie del entorno presidencial colaboraría para que esa idea prospere. También pensando en las ideas de su propia libertad (ambulatoria).

Kicillof, invitado pero ausente

Tampoco hubo funcionarios de la provincia de Buenos Aires. Axel Kicillof había sido invitado, pero finalmente no participó del encuentro porque, según explicaban en IDEA, “no se siente cómodo en esos ambientes”.

La ausencia no significa que los puentes estén cortados. Directivos de IDEA habían almorzado con Kicillof poco más de un mes antes del Coloquio y buscan mantener abierto el diálogo con el gobernador bonaerense. La falta de representación bonaerense se sumó así a un fenómeno más general: un Coloquio con una presencia política bastante menor a la de otros años.

Pero no todas las preocupaciones estuvieron vinculadas con la política o la economía. Una ingeniera especializada en cuestiones eléctricas miraba con inquietud la cantidad de zapatillas e instalaciones eléctricas adicionales desplegadas en el subsuelo del Sheraton. En ese espacio suelen concentrarse cerca de mil personas entre las conferencias y los coffee breaks.

“Que no salte una chispa porque, ¿cómo salimos de acá?”, lanzó un experto en seguridad industrial. En voz baja, algunos asistentes señalaban desde hacía tiempo un problema: la cantidad y disposición de las salidas de emergencia para semejante concentración de público.

Otro empresario apeló al humor negro mientras miraba alrededor y calculaba la cantidad de presidentes, CEOs y altos ejecutivos reunidos en pocos metros cuadrados: “¿Se imaginan el desastre que sería?”.

Hubo otra queja repetida, y no es nueva. El coffee break se convirtió casi en una prueba de supervivencia.

No es un detalle menor. Una de las razones históricas para realizar el Coloquio fuera de Buenos Aires es justamente permitir que empresarios de diferentes sectores se encuentren, intercambien opiniones y conversen de manera informal, lejos de sus oficinas y de las urgencias cotidianas.

Los pasillos del Coloquio, atiborrados de asistentes. Conseguir una medialuna, misión imposible.

Pero con centenares de personas apretujadas, mucho ruido y poco espacio para circular, el propósito se vuelve difícil de cumplir. “Para agarrar una medialuna más o menos tenés que taclear a 800 personas”, ironizaba un habitué.

El resultado es paradójico: "Uno viaja a Mar del Plata para encontrarse con gente diferente y termina hablando con quien le tocó parado al lado porque no puede moverse", señaló un asistente. “Este no es el espíritu de IDEA”, se quejaba otro empresario.

“Panel tras panel tras panel”

La organización de la agenda tampoco quedó al margen de las críticas. “Panel tras panel tras panel. Te atragantan con paneles”, resumía un asistente.

Hubo opiniones dispares sobre los contenidos. Algunos destacaron exposiciones y panelistas puntuales; otros consideraron que el nivel general de los paneles cayó respecto de otras ediciones.

Allí, admitían incluso los críticos, interviene el interés particular de cada espectador. Pero la objeción de fondo era otra: demasiadas exposiciones y poco tiempo disponible para aquello que muchos empresarios consideran el verdadero valor agregado del viaje a Mar del Plata, el intercambio entre pares.

La discusión llevó a algunos veteranos del Coloquio a una reflexión más profunda. IDEA nació con la intención de crear un espacio donde los dueños y principales ejecutivos de las grandes empresas frenaran durante tres días sus actividades para pensar los grandes problemas de la Argentina, salir de la coyuntura, discutir el futuro y realizar aportes para un país mejor.

Los asistentes alternaron entre la formalidad de los paneles y la informalidad de los corrillos.

El Coloquio sigue siendo uno de los grandes eventos empresarios del año. Pero algunos habitués consideran que mutó. “Un gran negocio para IDEA”, ironizaba uno.

Participar de los paneles, sin alojamiento ni traslado y con apenas tres comidas patrocinadas, por un costo elevado. “Antes pagabas y tenías todo incluido”, recordaba otro asistente.

Para esos empresarios, el Coloquio se convirtió progresivamente en un gran evento de relaciones públicas y marketing, donde cada compañía intenta vender su empresa, su espacio o sus servicios. El nuevo enfoque no es cuestionado por todos. Lo que sí genera críticas es que, si el objetivo pasó en buena medida por relacionarse, tampoco existan suficientes espacios para hacerlo.

Las actividades específicas de networking cumplen parcialmente esa función, aunque alcanzan a un porcentaje minoritario de los asistentes. Para algunas, además, es necesario inscribirse previamente, lo que les quita parte de la espontaneidad que caracterizaba a los viejos encuentros.

Hubo una última ironía entre los habitués. “Hacen 62 años que están discutiendo los mismos temas. ¿Y qué pasó?”, preguntó un empresario.

Por el Coloquio pasaron durante más de seis décadas presidentes, ministros, gobernadores, legisladores, sindicalistas y dirigentes de prácticamente todos los espacios políticos. IDEA presentó propuestas, documentos y diagnósticos que expresan la mirada de una parte relevante del empresariado argentino.

Sin embargo, para algunos asistentes, buena parte de las discusiones vuelve una y otra vez al mismo lugar. La pregunta quedaba flotando en los pasillos: si después de 62 años se siguen discutiendo los mismos problemas, cuánto de lo planteado por los empresarios fue alguna vez escuchado por la política.

Vinos, mindfulness y respiración profunda

No todo fue crítica. También hubo tiempo para los encuentros fuera del Sheraton.

Destacó, como todos los años, la visita a la bodega Trapiche que, pese a la llovizna y la gélida temperatura de 6 grados, reunió a unas 150 personas para degustar vinos. Más sorpresiva fue la convocatoria en un parador cercano al faro. Allí, un grupo de empresarios participó de un encuentro de mindfulness.

Entre tiraditos y ceviches, las conversaciones sobre el riesgo país y la caída de la Bolsa dieron paso a un momento de desconexión de los celulares y prácticas de respiración profunda.

La teoría duró hasta el regreso. El micro puso a prueba el mindfulness. La relajante tarde terminó con una inesperada dosis de estrés cuando el micro que debía trasladar a los asistentes de regreso a la ciudad quedó encajado en el parador.

El vehículo de dos pisos había quedado atrapado entre árboles y autos estacionados. Algunos pasajeros se asustaron y exigieron bajar inmediatamente. Otros, acaso más aplicados, recordaron las enseñanzas de la clase que acababan de tomar y recomendaron respirar hondo.

Funcionó. O, al menos, funcionaron las manos del chofer, que logró sacar el micro con una maniobra que terminó con aplausos de los pasajeros. Todos llegaron a destino y, además, con una buena anécdota para contar en el cóctel del Costa Galana.

Comidillas: una tabacalera, supermercados y pocas apuestas

Los pasillos también dejaron información empresaria.

Con cierta preocupación comenzó a circular un dato sobre una importante e histórica tabacalera que estaría desarmando posiciones en la Argentina. Los movimientos eran seguidos de cerca por ejecutivos de otros sectores atentos a las decisiones de las multinacionales.

También reapareció un viejo conocido de las conversaciones empresarias: Francisco de Narváez. Es conocido en el mercado que Día está en venta, pero en Mar del Plata comentaban que el proceso no despertaba demasiado entusiasmo entre potenciales compradores. En ese contexto volvió a circular el nombre de De Narváez como posible interesado.

La conversación inevitablemente derivó hacia Carrefour, cuyo proceso de venta finalmente no prosperó. Para analistas del sector presentes en IDEA, detrás de las dificultades para cerrar ese tipo de operaciones aparece un problema más profundo: el consumo interno sigue débil y no existe todavía una perspectiva clara de recuperación para 2027.

Entre paneles, candidaturas, negocios, cables, medialunas inaccesibles y ejercicios para respirar hondo, el Coloquio volvió a tener su propia reunión paralela.

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