Opiniones

Crisis más impuestos: una solución por el lado de la planificación fiscal

La planificación fiscal implica una acción desarrollada dentro de las posibilidades de la ley para "ahorrar impuestos". No es abuso de derecho, no es simulación. No constituye omisión de impuestos, mucho menos delito.

Las empresas no pueden darse el lujo de llevar a cabo una razonada planificación fiscal de su negocio, menos aún durante una crisis económica. La planificación fiscal es el arte de reducir las cargas impositivas a la mínima expresión. Es el producto del estudio exhaustivo de la legislación existente, a fin de encontrar las formas de evitar o reducir cargas fiscales.

La planificación fiscal implica una acción desarrollada dentro de las posibilidades de la ley para “ahorrar impuestos. No es abuso de derecho, no es simulación. No constituye omisión de impuestos, mucho menos delito (evasión).

Se trata de hacer un negocio o actividad de modo tal que arroje la menor carga fiscal posible. Para ilustrarlo con un ejemplo sencillísimo: una persona física, pequeño comerciante, puede optar por ser responsable del Régimen general (IVA+ Ganancias + Autónomos) o ser Monotributista. Las dos opciones son válidas, una mucho más económica que la otra.

El tema no es nuevo, pero hoy resulta más actual que nunca. La planificación fiscal es un derecho del contribuyente. Tal como ha dicho el Tribunal Superior de Prusia en el año 1906, “…nadie está obligado a administrar su fortuna y sus rentas de tal manera que proporcione al Estado el máximo de recaudación de tributos”. Con el correr de los tiempos, el mismo entendimiento fue luego exteriorizado por tribunales de varios países.

La jurisprudencia norteamericana ha dicho que no se puede poner en duda el derecho legal de un contribuyente a disminuir la cantidad de lo que de otro modo serían sus impuestos, o en su totalidad evitarlos, por los medios que la ley permite (cfr. “Superior Oil Co. v. Mississippi”, 1930). Nuestra Corte Suprema (CSJN) el año 1958 concluyó que no es reprensible el esfuerzo honesto del contribuyente de mantener sus impuestos tan bajos como sea legalmente posible (“ICA-Industrias Comerciales Argentinas SRL”).

La planificación fiscal debe ser constante. Las grandes empresas tienen un departamento de planificación fiscal.

Resulta muy importante en la estructuración de sociedades / actividades. Si existe una actividad que puede ser calificada como “vaca lechera” y genera utilidades que luego son destinadas por los accionistas a otras actividades muy diferentes sería conveniente que la participación en esa sociedad generadora sea a través de una sociedad “holding” del país, por cuanto la distribución de dividendos no está gravada cuando es entre sociedades argentinas.

Otra situación novedosa a tener en consideración el desarrollo de ciertos negocios bajo la modalidad de fideicomisos o fondos comunes de inversión cerrados, por cuanto el art. 205 de la Ley 27.440 de Fomento a las Inversiones otorga una ventaja tributaria muy interesante: el diferimiento del impuesto a las ganancias hasta que la utilidad sea distribuida a los tenedores de la participación en estos patrimonios.

Este beneficio requiere que la colocación de los certificados o cuotas por oferta pública, que las actividades sean desarrolladas en país y que el objeto de negocio del fideicomiso o fondo de inversión sea: (i) el desarrollo de y/o inversión directa en proyectos inmobiliarios, agropecuarios, forestales y/o de infraestructura; y/o (ii) el financiamiento o la inversión en cualquier tipo de proyecto, empresa o activos a través de valores negociables o cualquier otro tipo de instrumento, certificado, contrato de derivados, participación o asociación, en cualquiera de sus variantes y/o combinaciones. Para los negocios inmobiliarios y agropecuarios implica muy buenas noticias.

La reestructuración de negocios también debe ser sometida a la planificación fiscal. La ley del impuesto a las ganancias permite las reorganizaciones de sociedades libres de impuestos. Se trata de una herramienta muy conveniente en caso de sociedades familiares que quieran redistribuir negocios o activos.

La planificación fiscal puede aplicarse a casos concretos o a todo el negocio.

Ante las ventas de bienes de uso, debería analizarse la opción de venta y reemplazo, el devengado exigible, también la aplicación bajo acciones judiciales de la actualización de valores que está “freezada” desde el año 1992, pero que al no realizarse arroja ganancias ficticias que pueden llevar a un impuesto confiscatorio.

La planificación fiscal de todo el negocio implica analizar: cómo imputar las ventas si se realizan a plazo, la política de deudores morosos, cómo adquirir los bienes de uso (compra, alquiler, leasing), las modalidades de financiación, entre otras cuestiones.

Actualmente, cobra importancia el ajuste impositivo por inflación, que impactará como un mayor o menor impuesto a las ganancias. Aquí la planificación fiscal es muy importante. Debería ser revisada la estructura patrimonial de la sociedad, como así también la política de distribución de dividendos, que puede dar vuelta un menor impuesto por la estructura patrimonial de activos monetarios.

Las relaciones de la sociedad con los socios también deberían ser re-planificadas bajo la luz de la nueva situación de los dividendos presuntos.

Otro tema cada vez más importante es el de los impuestos provinciales y pseudo tasas municipales. La alta carga fiscal, sumada a la voracidad recaudatoria de las provincias a través de los regímenes de retención/percepción y los saldos a favor que resultan, no puede ser dejada a “lo que resulte”.

Los conflictos ente el contribuyente y los fiscos también deben ser planificados: ¿Conviene aceptar el ajuste o discutir? ¿Hay planes de pago, moratorias? ¿Qué pasa con las multas?

La intención de esta publicación fue simplemente concientizar sobre algo que no puede dejar de hacerse; es lo importante, no debe ser desatendido por lo urgente. Obviamente, han quedado varios impuestos y puntos sin mencionar.

Lo importante es que la planificación fiscal esté en la agenda de los empresarios.

* Contador Público – Lisicki, Litvin & Asoc.

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