De dos en dos, los espectadores que se acerquen al Malba hasta el domingo encontrarán en el hall de entrada dos cabinas telefónicas como las que ya no existen, con teléfonos rojos, que invitan a convertirse en actores por un máximo de diez minutos. Entablan la conversación con un interlocutor aleatorio y casual, desde esas cabinas enfrentadas en las puntas que los deja de espaldas en ese diálogo que se vuelve invisible. En las pantallas ubicadas sobre esos teléfonos frente al espectador/actor fugaz se despliegan las indicaciones de descolgar el teléfono y leer el texto. No importa la velocidad o la confusión, sólo hay que dejarse llevar por la experiencia que funciona a la perfección.
Cuando viejas cabinas cuentan una tragedia
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Se trata de conversaciones urgentes, emotivas y sugerentes escritas por dramaturgos internacionales, enmarcados en un espectáculo creado por la canadiense Sherry J. Yoon. Si bien fue creada antes de la pandemia, resultó una propuesta ideal para aquellos tiempos de aforos y encierro. Giró por varias ciudades de Norteamérica y salió por primera vez para llegar al FIBA. Los argentinos convocados para escribir los textos apropiados para una conversación telefónica fueron Nelson Valente (Salida), Gabriel Calderón (Qué puedo hacer) y María y Paula Marull (Que los cumplas feliz).
“Que los cumplas feliz” es una conmovedora microobra sobre una madre con Alzheimer que recibe el llamado de su hija el día de su cumpleaños. Los estragos del tiempo, las lagunas de la memoria y los recuerdos imborrables de la más tierna infancia se completan con el conflicto de la hija que se está separando, inmersa en una soledad infinita. El humor llega desde el malentendido, a causa de unas neuronas traicioneras que se empeñan en deformarlo todo, o acaso seleccionar lo que el inconsciente digita caprichosamente. En esas mujeres, que pueden ser interpretadas por hombres o mujeres de cualquier edad, al fin de cuentas son personajes, aparecen un sinfín de criaturas reconocibles, un sentirse hija, madre, hijo, nieta, padre, o todo al mismo tiempo.
Con este texto, las Marull vuelven a los temas que las obsesionan: el paso del tiempo y su deformidad, el ahogo, las historias mínimas que dejan huella, como el bello recuerdo de la hamaca en la plaza o la batalla campal del arenero que emociona hasta las lágrimas. Dicho sea de paso, temas presentes, entre otros, en la bellísima “Lo que el río hace”, que puede verse hoy en el teatro San Martín en el marco del FIBA y que volverá en abril tras su primera temporada con entradas agotadas.


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