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Dicen que la necesidad tiene cara de hereje, y en este partido la tuvo. Si cualquiera mira el banco y ve que se encuentran «haciendo espera» (por las dudas, nada más que Serna, Delgado y Riquelme), se puede tener un anticipo de lo que puede suceder luego. El equipo se manejó a «pura transpiración», con algún aporte de manejo de Gaitán, algún chispazo de Pérez y esporádicos encuentros entre Carreño y Barros Schelotto, luego que Burdisso puso diferencias en el marcador.
Los uruguayos de Wanderers parecieron llegar con una consigna: no importa el resultado, mantengamos el equipo, no nos dejemos sorprender... No salieron ni cuando estaban en desventaja, porque dejaron a De Souza (luego reemplazado por J. Delgado) como único hombre de punta.
En realidad, Boca fue tomando forma de equipo cuando entró Riquelme y se fue convirtiendo en el eje generador de posibilidades de ataque. No había dudas de que los muchachos de Wanderers lo conocían, y el roce y la infracción se hicieron una constante. Duró poco, debió irse. Una inclusión tan incomprensible como peligrosa: ¿estará el domingo? Boca ganó la pelota con facilidad, transitó con cierta soltura y con Carreño y Barros Schelotto, le fue poniendo un poco de pimienta a un partido sin demasiados matices. Llegó, pero no encontró nunca la fórmula para definir. Tal vez por eso de «cuidar las piernas» para el domingo, quién le dice... Por las dudas Traverso puso la cabeza y estiró la diferencia. El resto se puede decir que fue un simple trámite, más allá de algún puntapié peligroso.
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