El aplauso final fue toda una demostración. No alcanzó el esfuerzo para lograr el título, pero igual valió la pena como para demostrar que este equipo de Boca está para pelear de igual a igual con cualquier equipo.
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Boca tenía que ganar y esperar el milagro. Lo que estaba en sus manos lo hizo, pero el milagro no llegó. Le ganó con mucha claridad a un Rosa-rio Central que siempre supo que «jugaba de partenaire» y, aunque necesitaba los puntos para levantar su bajo promedio, nunca pudo imponer su juego.
Pero quedan muchas cosas por analizar de «la era Tabárez», un técnico que fue duramente criticado y al que al final le reconocieron los méritos de haber armado un equipo nuevo de «los escombros» de aquel exitoso equipo que dirigía Carlos Bianchi.
A Tabárez le trajeron jugadores importantes que no rindieron (caso Ezequiel González o Roberto Sosa) y otros de menos cartel, que sin embargo fueron importantes en el equipo (Alfredo Cascini y Matías Donnet). Le dio la titularidad a Carlos Tévez. Afianzó a Clemente Rodríguez y cambió el esquema exitoso de Bianchi con cuatro defensores para jugar con tres.
También promocionó a algunos jóvenes como César González y Wilfredo Caballero y a otros que Bianchi no tenía en cuenta, como el goleador Héctor Bracamonte, al que hizo regresar de España.
Cometió algunos errores que le costaron caros, como no poner a los titulares frente a Lanús, para preservarlos para la Copa Sudamericana, y no ganó a lo largo de su año de contrato ningún título, ni nacional, ni internacional. Si se lo mide en comparación con Bianchi, fracasó, pero también es cierto que le vendieron la base del equipo multicampeón y es muy difícil armar un equipo competitivo en una sola temporada.
Es más, parece que recién en estas últimas fechas los jugadores entendieron qué es lo que pretendía futbolísticamente el técnico y lo llevaron a cabo con convicción.
Es cierto que tuvo a un Marcelo Delgado muy inspirado y que ahora «descubrió» que es un gran ejecutor de tiros libres. Sus goles fueron fundamentales para esta levantada final que le dio emoción al campeonato, pero también la madurez que parece haber encontrado Carlos Tévez, flotando en una posición entre mediocampista ofensivo y delantero, o la recuperación física de Guillermo Barros Schelotto, quien con sus desbordes también fue importante. Esto, afirmado en una defensa sobria, que equilibraba la rapidez de Crosa con la lentitud de Schiavi, a la que complementaban Battaglia y Cascini en la marca. Un equipo al que si se lo mantiene y se lo refuerza convenientemente puede darle muchas satisfacciones al hincha de Boca.
Sin embargo, el campeonato se lo llevó Independiente, por aquel gol de Pusineri de la semana pasada, y eso le duele al simpatizante, que se había ilusionado con la levantada final y soñaba con festejar otra vez. Algunos piensan que si el torneo hubiera durado un par de fechas más, otra sería la historia. Claro, no fue así.
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