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7 de agosto 2008 - 00:00

Al final, Ortega jugará en Mendoza

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Ariel Ortega acordó vincularse a Independiente Rivadavia de Mendoza, a préstamo por once meses, y jugará para el conjunto cuyano el próximo campeonato de la Primera B Nacional. El jujeño estuvo ayer en el estadio de River Plate para definir su salida de la institución de Núñez, luego de que el técnico Diego Simeone decidiera separarlo del plantel, por un acto de indisciplina cometido la semana pasada.

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Directivos de las dos entidades se entrevistaron y definieron los términos de la operación: será un préstamo por once meses, con un cargo de medio millón de dólares.

En principio, la dirigencia de Independiente-Rivadavia ya habría hecho un depósito inicial, con un cheque de 200 mil dólares.

La intención de Ortega de radicarse y jugar en Mendoza y no en los Emiratos Arabes Unidos (era pretendido por el club Al Ain Sports) tiene relación directa con la cercanía a Santiago de Chile, adonde está una de las clínicas más reconocidas para que el delantero cumpla su dilatado tratamiento contra la adicción al alcohol.

El propio presidente del club mendocino, el empresario Daniel Vila, contó: «La intención de que llegue Ortega es, básicamente, humanitaria. Que se hubiese ido a Emiratos Arabes (Unidos) significaba prácticamente un destierro». Sin embargo, el titular de la institución mendocina consideró que «es necesario que se dé la recuperación de Ortega persona para que podamos apreciar la recuperacióndel jugador». Por eso, tal vez, existe en el contrato del jujeño una cláusula indisoluble en la que se manifiesta que el jugador debe someterse «obligatoriamente» a un tratamiento de recuperación contra su adicción.

En tanto, las autoridades de River fueron denunciadas ayer por el presunto delito de «abandono de persona» por el desplazamiento de Ortega del primer equipo.

La figura penal reprime con condenas de 2 a 6 años a quien «pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que debe mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado».

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