Anderson es finalista de Wimbledon tras un duelo incansable, pero aún no tiene rival
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Y es que Anderson e Isner disputaron el segundo partido más largo de la historia del torneo.
A sus 32 años, el sudafricano jugará su segunda final de Grand Slam, después de la perdida en septiembre en el US Open ante Nadal. Es el primer jugador de su país en alcanzar este nivel en Wimbledon desde 1921 (Brian Norton).
El reloj marcaba seis horas y 35 minutos cuando el 8º jugador del mundo finalizó con la resistencia del estadounidense (10º).
En ese duelo se vieron 247 golpes ganadores en total (118 para el sudafricano y 129 para el estadounidense). Como era de esperar, también los aces: 103 en total, 49 para Anderson y 53 para Isner, que se convirtió con 214 acumulados en el nuevo poseedor del récord en una edición de Wimbledon, superando al artillero croata Goran Ivanisevic.
Un pequeño consuelo para el ganador del Masters 1000 de Miami en abril, que accedió tras 41 intentos a semifinales de un Grand Slam.
El segundo partido más largo del torneo hasta la fecha había durado seis horas y nueve minutos, en dos días; fue en 2006, en cuartos de final de dobles masculinos entre Mark Knowles, de Bahamas, y el canadiense Daniel Nestor, que superaron al sueco Simon Aspelin y al australiano Todd Perry 23-21 en el quinto set.
Isner sabe lo que es lidiar con partidos largos, ya que ganó en 2010 el más largo de la historia de todo el tenis. Estuvo 11 horas y cinco minutos, en tres días, para ganar 70-68 en el quinto set al francés Nicolas Mahut.
Kevin Anderson y John Isner apelaron a los organizadores de los torneos de Grand Slam a limitar la duración de los partidos, aplicando por ejemplo un tie-break en el quinto set como en el Abierto de Estados Unidos.
"Espero realmente que las cosas cambien en Grand Slam, porque después de tanto tiempo en cancha, uno no se siente muy bien", afirmó Anderson.
"Jugar en esas condiciones fue difícil para los dos", añadió el sudafricano.
Los dos gigantes - 2,08 m para Isner, 2,03 m para Anderson - se dieron un cálido abrazo al término del partido.



