Como era de suponer, luego de la determinación de Argentina de no participar en la Copa América, se produjo un sinnúmero de opiniones encontradas. Lo cierto es que el torneo dio comienzo con una manifiesta ausencia de figuras (sólo Ecuador concurre con el equipo completo), y hasta con un jugador de Brasil (Mauro Silva) que se negó a subir al avión antes de partir. También, mientras el embajador argentino dijo «sentirse con bronca», el designado árbitro de nuestro país, Angel Sánchez, se manifestó «inseguro». La selección de Honduras, que reemplazó a la de Argentina, tuvo que viajar en un avión militar por temor a hacerlo en vuelo de línea. Por su parte, la prensa de Colombia politizó la decisión argentina y el presidente de ese país, Andrés Pastrana, pidió «a los grupos irregulares armados y a todos los habitantes suspender todo acto de violencia». Algo que no hace más que darle razones a la posición inflexible y correcta de Argentina.
Como se esperaba, la noticia de la deserción de Argentina no fue bien recibida en Colombia. Mientras la alcaldía de Medellín analiza entablar una demanda civil contra la Asociación de Fútbol Argentino, desde otros sectores (prensa, jugadores y hasta el embajador argentino en Bogotá) criticaron la decisión adoptada por AFA.
El secretario de Gobierno de la alcaldía (municipio) de Medellín, Jorge Enrique Vélez, confirmó ayer que las autoridades de la ciudad estudian la posibilidad de demandar a la AFA por daños «económicos y morales». «Cuestionamos al señor Grondona por esta decisión. Además del perjuicio económico hay un grave daño moral, porque con su postura, Argentina está diciéndole al mundo que no están dadas las condiciones para venir a Medellín, lo cual no es verdad. La AFA tendrá que responder por esto», consideró Vélez.
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En tanto que el embajador argentino en Bogotá, Carlos Carrasco, admitió estar en desacuerdo y sentir «mucha bronca» por la decisión. «Lamento enormemente que hayamos perdido esta oportunidad, porque no había elementos para no asistir al torneo.» También la prensa colombiana hizo una crítica dura al titular: «Argentina nos dio la espalda» o «Qué embarrada la de Argentina». El diario «El Colombiano», de Medellín, aclara en sus páginas que «la decisión de Argentina no es novedosa, porque en otros torneos de la Copa se ha ausentado», recordando que los argentinos estuvieron ausentes en 1939, 1949 y 1954. El defensor Jorge Bermúdez consideró: "Todos sabemos que la situación en Colombia no es la mejor, pero creo que no es el momento de tomar decisiones tan drásticas".
Más vale prevenir que curar, habrá pensado ayer el presidente colombiano, Andrés Pastrana, que en el día del inicio de la Copa América envió un mensaje a los grupos irregulares armados, de suspender todo acto de violencia durante el torneo.
«Vamos a decirle al mundo que no vamos a realizar ningún acto de violencia en todos los rincones de nuestro país, porque tenemos que demostrar que somos capaces de vivir civilizadamente, pero, lo más importante, que somos capaces de vivir en paz», comenzó diciendo Pastrana, para luego concluir: «Mostraremos la otra cara del país que no sale en TV». El presidente colombiano invitó anoche a la inauguración de la Copa a varios de los militares que fueron dejados en libertad recientemente por la guerrilla de las FARC.
La Copa América tiene una importancia especial para todo el pueblo colombiano, pero -especialmente-para Pastrana, que logró concretar su objetivo con la confirmación de la sede de la Copa. Esa medida de la CSF fue adoptada como consecuencia del secuestro, por guerrilleros izquierdistas, del vicepresidente de la Federación Colombia-na de Fútbol, Hernán Mejía, quien luego fue dejado en libertad.
La cancelación del torneo -o su aplazamiento-hubiera significado una derrota en personal (pero, fundamentalmente, en lo político) para Pastrana, quien ha hecho de la búsqueda de la paz su principal gestión de gobierno. Colombia afronta una guerra interna de 37 años que enfrenta a rebeldes izquierdistas, paramilitares de ultraderecha y las fuerzas de seguridad del Estado. La confrontación cobró la vida de más de 40.000 personas en la última década.
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