A falta de un fútbol buen jugado, la Argentina ganó un partido muy emotivo que tuvo todos los condimentos necesarios: un resultado cambiante, varias jugadas de peligro y un gol de oro, que terminó con el triunfo argentino.
Una vez más, como sucedió desde el comienzo del torneo, fue Cángele quien se vistió de héroe y figura para poner, en esta ocasión de cabeza, el gol que le dio el triunfo al seleccionado.
A esta altura del torneo el chico de Boca Juniors es la gran figura de la Argentina y del torneo, en el que lleva anotado cuatro goles, en la misma cantidad de presentaciones.
La alegría final de los chicos argentinos estuvo muy cerca de terminaren tristeza, porque hasta los 47 minutios del complemento el equipo de Tojo estaba lejos del empate y con escasas respuestas para alcanzar el empate.
Los sucesivos centros que llegaban al área de Colombia pocas veces tuvieron como destino una cabeza argentina, y cuando la alcanzaba no derivaba en una jugada de peligro.
El panorama distaba de ser auspicioso, porque en cada contraataque el conjunto colombiano amenazó con anotar el segundo gol y asegurar su pasaje a la final.
Pero en pocos minutos el panotramo sombrió se despejó: sobre el final del partido el cabezazo bombeado de Perrone ingresó en el ángulo del arco de Colombia, y a los siete minutos del primer tiempo suplementario la figura de Cángele sumó una joya más a la excelente actuación que cumple en el certamen.
Alegría, abrazos, festejo descontrolado de los chicos, tristeza de Colombia, e ilusión con colgarse del cuello la medalla dorada.
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