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Argentina no repitió el fútbol que demostró en el partido anterior con Japón. Simplemente, porque Aimar no estuvo a la altura futbolística de su última etapa, porque Cambiasso no tuvo precisión en la salida y porque los coreanos se cerraron en su campo, como si un buen resultado les sirviera para algo.
Más, se plantaron en un juego especulativo, impreciso, de mucha fricción e intentaron desde atrás aprovechar la velocidad de sus jugadores (casi siempre, imprecisos) para --fi-nalmente-terminar con el conocido, viejo e intrascendente «ollazo». Argentina se sustentó en la sobriedad de una línea defensiva (con toda una gran franja de terreno regalada, con Coloccini como abanderado), pero con problemas, porque a Galletti, Saviola -a pesar del gol-y Solari primero, y luego «Maxi» Rodríguez (por Galletti), Riquelme (por Aimar) y Castromán (por Solari) les costó entrar en el circuito de toques y -finalmente-perdieron.
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