1 de marzo 2001 - 00:00

Argentina le dio toque de calidad en una tarea que desdibujó a Italia

Hernán Crespo tuvo un gran partido
Hernán Crespo tuvo un gran partido
Sin restarle importancia al resultado -que la tiene indudablemente-el amistoso con Italia servía para ver actitudes, comparar equipos, poner en juego estrategias, sacar conclusiones para el futuro. Argentina no sólo salió airosa con el 2 a 1 final, sino que expuso que está -en estos momentos-a la altura de confrontaciones de riesgo.

Vale mencionar que en esta última etapa empató con Holanda en Amsterdam (1-1), con Inglaterra en Wembley (0-0), venció a España en Sevilla (2-1) y ayer a Italia. Seguramente esta situación la habrán tomado en cuenta los técnicos de las selecciones europeas y -fundamentalmente-Trapattoni que a estas horas debe tener una profunda preocupación, si nos atenemos a lo visto.

Argentina tuvo muchas virtudes. No se desdibujó en defensa en esos diez minutos iniciales donde Vieri e Inzaghi le dieron a Italia sensación de equipo decidido. Mas, no sólo no se descontroló sino que esperó a tener la pelota, sacarle ritmo a los adversarios (o si se quiere contagiando pausa a la velocidad que trataba de imponer Italia).

Tal vez lo mejor se fue generando después. Precisamente cuando en el medio comenzaron a tener presencia Verón (impreciso en la definición al comienzo), Aimar imponiendo movilidad y prestancia en el manejo del balón, Sorín cuando se multiplicó como enlace entre ataque y defensa, Zanetti haciendo algo parecido por el lateral derecho, Kily González haciendo valer su velocidad y seguridad para fabricar espacios para el remate y Crespo exigiendo siempre como una cuña entre los defensores centrales del adversario (sea por Pierini-Cannavaro o Cannavaro-Maldini).

Un defectuoso taco hacia atrás de Verón permitió que Fiore enviara recto -entre las piernas de Burgos-a la red. En lugar de tranquilizar a Italia el gol pareció servir como incentivo para Argentina. Por entonces ni Zenoni, ni Tacchinardi, ni Pessoto, ni Fiori atinaban a imponer la marca a presión de los primeros minutos.

Se podría decir que, en cambio, dejaron espacio para que Ayala, Samuel, Simeone (de gran tarea, marcó ayer un récord del jugador que más partidos jugó en la Selección) procuraran una salida tras otra, sumados al enlace al que se agregaban Sorín, Zanetti, Verón y Aimar. Italia no sólo no encontraba la pelota, sino que -sumergidos en el ritmo al que contagiaban los argentinos-dieron la sensación de un equipo desconcertado.

Argentina ya le ganaba a Italia en manejo, estrategia ofensiva, y decisión para buscar en ataque, tanto por capacidad individual o colectiva. Mucho más lo fue a partir del empate: cuando Kily González envió un «cañonazo» para mover la parte superior de la red.

Las situaciones de gol fueron casi de exclusividad de los argentinos. Crespo desvió otra pelota de llegaba desde la izquierda vía Kily González y el resultado quedó sellado.

El arquero Giancarlo Buffon se convirtió en figura (le sacó tres envíos a Crespo), uno al Kily González, una pelota de Sorín dio en el palo y el árbitro se sumó a la angustia italiana anulando un gol a Crespo, que habrá que hilar muy fino para encontrarle sentido a la decisión.

Bielsa debe haber experimentado una gran satisfacción interior. Tiene un equipo bien dotado en lo futbolístico, que sabe de sacrificios (aunque ayer pareció jugar «a media máquina»), que tiene que ser protagonista y que no conoce el «miedo escénico» pues sus jugadores parecen locales en los lugares que les toque hacerlo y -además-dejando en el banco o en Buenos Aires otro buen caudal de individualidades. Sólo hay que esperar que tanta diferencia ante los demás no haga estragos, ni provoque bajones de esos que muchos equipos debieron soportar y lamentar. Por ahora sólo hay lugar para el aplauso.

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