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Después de la frustración del torneo pasado y la Copa Libertadores achacada a las peleas entre Ameli y Tuzzio que dividieron al plantel, Leonardo Astrada pidió jugadores de segundo nivel, queriendo demostrar su buen ojo para elegir a aquellos que otros no hubieran llevado a River. Así llegaron, entre otros, Diego Galván de Olimpo, Jonathan Santana y Gabriel Loeschbor, suplentes de un San Lorenzo que había terminado en el puesto 17, y Leandro Fernández, que hacía cuatro meses que no jugaba oficialmente por un conflicto con Newell's. Con ellos River intentó armar un plantel nuevo, con más lucha que fútbol y hasta ahora ese objetivo salió mal. Banfield, en cambio, apostó a una receta que conoce. Cuatro defensores, cuatro mediocampistas en línea y dos delanteros veloces para el contraataque. Tuvo en la zurda de Jesús Dátolo a su mejor valor y a Josemir Lujambio como un delantero contundente que no perdonó ninguna de las oportunidades que tuvo. Terminó quedando la impresión de que Banfield «le perdonaba la vida». Cuando Leeb lo sacó a Lujambio para poner al juvenil defensor Gabriel Paletta, el equipo perdió contundencia y, a pesar de ello, Dátolo, Cvitanich y después Franco Mendoza tuvieron en sus pies y desperdiciaron el quinto gol. Es que River que no estaba muy ordenado terminó defendiendo con dos y regalando espacios y pelota para que lo vapuleen. Informate más
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