26 de septiembre 2001 - 00:00

Bianchi, firme; y Macri, desairado

Como era de prever, en el día de ayer iba a producirse algún hecho para aquietar las aguas, tras la tormenta desatada el domingo. En apariencia, la inesperada conferencia de prensa, que esta vez fue llamada por Mauricio Macri antes del partido con Vasco da Gama no despertó el interés de nadie, simplemente porque no hubo ninguna novedad. Más allá de un pedido de disculpas formal de Macri y la reiteración de que Bianchi mantendrá su contrato hasta fin de año y no renovará su contrato el 31 de diciembre, fecha de su vencimiento.

Por tanto, esta intención demostrativa de paz llegó de la misma forma imprevista con que comenzó la guerra, aunque (como en toda lucha), siempre hay un ganador y un perdedor. El que bajó sus acciones en este caso fue Macri, que hizo malabares para explicar su «lamentable» actitud, al tiempo que Carlos Bianchi mantuvo su postura de alejarse, que había adelantado el pasado viernes.

El problema (si puede llamárselo así) hizo eclosión el domingo, luego de la goleada de Boca a Lanús, el presidente de Boca irrumpió en la conferencia de prensa que estaba dando el técnico. Macri le exigió que fundamentara su decisión de no renovar el contrato, petición a la cual Bianchi -entre sorprendido y molesto-le contestó que no tenía por qué dar a conocer los motivos. Todo terminó -o mejor dicho comenzó- cuando el entrenador se levantó de la silla y dejó hablando sólo al presidente.

Se especuló que Bianchi iba a renunciar pero -muy lejos de la realidad-ayer reafirmó sus palabras iniciales: «voy a seguir hasta el 31 de diciembre». Este fuerte entredicho comenzó a solucionarse cuando el lunes por la mañana Macri se comunicó telefónicamente con Bianchi para cenar juntos y aclarar la situación. Los dos se reunieron en un restaurante de Castex y Coronel Díaz y, si bien no trascendieron los detalles, es evidente que «limaron asperezas», como se los pedía toda la gente de prensa.

Ayer Macri llamó a una conferencia de prensa -esta vez propia- donde se presentó -obviamente-acompañado por el técnico.

Precisamente Bianchi tomó la palabra: «en estos tres años y tres meses hemos transitado juntos, por la misma calle, tratando de hacer lo mejor para Boca, siempre estuvimos de acuerdo. No puede ser que una salida de ruta ahora haga cambiar nuestro pensamiento...». En su corta alocución, se comprometió a seguir trabajando para pelear el Apertura hasta la última fecha y afrontar el partido ante Bayern Munich por la Copa Intercontinental de la mejor manera posible.

Después llegó el turno de Macri quien tomándole el brazo a Bianchi dijo: «Para mí fue un domingo triste y raro porque goleamos a Lanús y sentía que nos estaban golpeando a nosotros. En vez de disfrutar los seis goles y el triunfo escuchamos sólo insultos para los directivos. Esta calentura fue la que me motivó a ir a la conferencia después del partido. Fue fruto de la pasión del fútbol de la pasión boquense...». Por esta última causa, Macri aseguró que «fue injusto que algunas voces me hayan endilgado situaciones por mi actitud, como si hubiera abusado del poder» más allá de involucrar a otras figuras y que es todo relativo... Además otros dicen que «me bajé los pantalones».

Asumiendo su error dijo que «después de un domingo de pasión, el lunes volvió la razón. Hablamos con Carlos y nos entendimos...». La decisión de Macri de admitir y corregir su postura del domingo resulta inteligente de su parte. Sabido es que está perdiendo la guerra por la renovación contractual con Juan Román Riquelme, con quién ya no tiene diálogo, y de haber mantenido firme su postura ante Bianchi hubiera seguido perdiendo imagen con la gente de Boca. Estos motivos, sumados a una relación desgastante entre el plantel y la comisión directiva que él encabeza no lo dejan «bien parado» para una renovación como presidente de la institución. Además, le haría perder imagen para ocupar en el futuro un cargo público en el ambiente político nacional, hacia donde -dicen-apuntan sus próximos pasos.

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