Bianchi -por lo visto-diagramó el partido pensando más en los factores externos que en las posibilidades futbolísticas que tiene en su plantel. El entrenador se atrevió en confiar ante semejante compromiso en los juveniles Clemente Rodríguez, Pinto y Omar Pérez, pero -en su cabeza-rondaba la desconfianza. Una pauta la brinda el hecho de que en la primera parte Boca apareció como un equipo cauteloso, retraído en su campo, con mucha gente defendiendo y tratando de «hacer correr la pelota antes que al jugador». Como si temiera los efectos de la altura, en ese dejar hacer, ceder terreno y pretender que el desgaste fuera para los jugadores de Calama.
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Ese libreto se cumplió a la perfección, porque Abdala y Baldivieso, si bien se hacían de la pelota con cierta facilidad, mostraban deficiencias cuando los chilenos avanzaban de tres cuartos de cancha hacia arriba. Madrid y Vivar intentaban, pero no lastimaban, y con esa circunstancia se cumplía la primera parte.
En Boca, comenzó a aparecer el enlace en la figura de Riquelme, que hacía fértil toda pelota que circulaba por el medio y moría en los pies de Serna. Con el contraataque, Boca siempre dejó latente la posibilidad de desnivelar y, en verdad, tuvo dos situaciones que malograron Pandolfi y Delgado.
El partido se fue haciendo más parejo, y hasta se podría decir que como una caldera que entra en ebullición, Boca se fue adueñando paulatinamente del juego. Por otra parte, la gente de Cobreloa se daba cuenta de que no tenía espacios para los remates. Tampoco podía aprovechar la velocidad de la pelota (que en la altura tiene menos resistencia) ni la hipotética rapidez que esa circunstancia les brinda a sus jugadores, ante el despliegue que realizaba Boca.
En la medida en que desde el mediocampo, Pinto, Serna, Omar Pérez y -fundamentalmente-Riquelme se dieron cuenta de que el adversario se quedaba sin llegada en el transcurrir de los minutos, fueron ganando en terreno ofensivo. Sin muchas sutilezas, con alguna chispa de fútbol, pero con constancia, se arrimaron al arco de Mele.
Hasta que llegó el gol decisivo. Centro de Delgado (desde la izquierda), un defensor intenta un defectuoso despeje hacia atrás, y Bermúdez gana de cabeza para enviar a la red. Boca tuvo dos o tres situaciones para aumentar el marcador. Cobreloa se jugó en ataque cuando ya las piernas no rendían y el reloj acechaba. Más por presencia de gente rodeando el área de Boca que por capacidad futbolística para definir. Cobreloa: Mele; Pozo, Italo Díaz, Fuentes, Rodrigo Pérez; Meléndez, Abdala, Cornejo, Baldivieso; Madrid y Vivar. DT: Malbernat. Boca: Córdoba; Ibarra, Bermúdez, Matellán, C. Rodríguez; Pinto, Serna, Omar Pérez, Riquelme; Pandolfi y Delgado. DT: Bianchi. Gol: ST. 31m Bermúdez (B).
Cambios: ST. Tagliani por Madrid (C); 20. Galaz por Cornejo (C); 26m Guillermo Barros Schelotto por Pandolfi (B); 38m Dinamarca por Baldivieso (C); 40m Burdisso por Delgado (B).
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