4 de abril 2003 - 00:00

Boca logró la clasificación

Boca pagó un alto precio por aquello de no «rematar» el partido cuando tenía todo para hacerlo. Dos goles de diferencia en su favor no son poca cosa, pero permitió en la desidia de algunos de sus jugadores que el resultado se transformara en empate de Colo Colo y perdió una buena oportunidad. Clasificó, pero no le alcanzó para asegurar de antemano el primer lugar en su grupo que le permitiría definir en condición de local los partidos decisivos.

Una circunstancia de un gol a poco más de un minuto le hace cambiar el esquema a cualquiera. La pelota que Delgado capitalizó entre dos defensores tras pase de Barros Schelotto y puso diferencias en el marcador le vino a Boca «como anillo al dedo». Simplemente, porque a partir de allí todo le resultó --se-guramente-más fácil que lo diagramado por Bianchi.

Se podría decir que ese gol sirvió como bisagra: hizo que Boca aplicara su «juego-cerrojo» rodeando a Zamorano, buscando tapar a Espina, tal vez excedido en confianza cuando dejó que Muñoz y Fierro llegaran con cierta soltura por el lado de Ibarra. Si el trabajo de los arqueros sirve de algo, vale decir que Walker debió esforzarse en dos mano a mano, porque todo Colo Colo estaba más preocupado en buscar fórmulas (que no encontraba) para llegar que sustentarse en una defensa sólida.

Donnet y Cagna comenzaron a hacer pesar su movilidad para rotar en ataque junto con Barros Schelotto y Delgado. Sin embargo, el equipo chileno comenzó a asentarse en lo que más sabe: tratar de manejar la pelota en el medio, donde Villarreal y Pinto imponían su ley y todo Colo Colo quedó expuesto al contraataque. Boca siguió provocando las mejores situaciones, pero el segundo gol llegó por una distracción del árbitro peruano (en sociedad con el linesman) que se unieron a los festejos del 98° aniversario xeneize convalidándolo, cuando Cagna había partido en posición adelantada.

Duró hasta que llegó el claro penal de Abbondanzieri sobre Zamorano que Espina envió a la red, lo que abrió puertas para que Quinteros consiguiera un impensado empate. Decir que a partir de ese momento todo cambió parecería redundancia. Boca salió como inyectado. Esperó, repiqueteó sobre el arco adversario, pero debió someterse a las inseguridades del contraataque de los chilenos. Entraron Battaglia, Estévez y Schiavi. Boca estuvo cerca; sin embargo, ni uno ni el otro lograron torcer la historia.

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