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En el campo de las especulaciones se sabía que el que manejara la zona media podía definir a su favor. Era previsible que Bianchi trataría de sumar gente cerca de la línea divisoria del medio para intentar cortar los circuitos creativos de Santos, que se suponía también pondría sus hombres de ataque de allí hacia tres cuartos de cancha.
Leao había anticipado que pondría a Boca contra su área y, a decir verdad -salvo algunos minutos iniciales y no por juego, sino por superpoblación de gente-, Santos no sólo no tuvo ese pretendido enlace con Diego (por donde debía pasar indefectiblemente la pelota), sino que comenzó a demostrar que cuando le imponen una marca pegajosa, el toque y rotación desaparece para dar paso a la individualidad.
Cuando Boca se dio cuenta de que no iba a lograr su objetivo mandando pelotazos aéreos -con pelotas a dividir-para Delgado y Tevez, y tenía espacio para buscar huecos y profundidad con pelotas al ras de piso, el juego cambió. Porque el Santos se dio cuenta de que podían definir el partido de contraataque y que en su extrema defensa no se habla el mismo idioma de sus creativosde la zona central. Todo este análisis tiene respuesta en la medida en que se incluya el trabajo de algunos jugadores: la seguridad de Schiavi en el área de Boca, en la salida de Ibarra por derecha, Clemente Rodríguez por izquierda y el inmenso trabajo que desplegó Battaglia, en la recuperación y en ataque. Tanto, que fue gestor de una doble pared que dejó a Tevez para que Boca lograra el gol «de la tranquilidad»; además, para aplaudir por un largo rato.
Ni siquiera en ese momento Santos soltó a sus dos laterales (Wellington y Leo), por lo que obligaba a Pereira y Alex a mantener la franja central cuidada porque sabían que por ahí -como ya lo había demostrado dos veces Delgado-podía recibir algún golpe mucho más duro. Leao prefirió mantener a tres en el fondo e intentar con el ingreso de Nené algún arma desequilibrante.
Lo consiguió a medias, porque tanto el ingresado como Diego (ambos de innegable manejo) se estrellaban una y otra vez en la solidez de una defensa, ahora tranquilizada a la luz del resultado. En otras palabras, la propia desesperación de Renato Fabiano, Oliveira y Robinho no encontraba caminos aptos ni espacios para el remate. Lo consiguió Leo con un remate de media distancia, pero cuando Santos comenzaba a jugarse (el resto) en ataque, llegó una pelota al medio, Delgado quedó de cara al arco en algo más de media cancha, y cuando salía el arquero, envió largo y la pelota llegó mansamente a la red.
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