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No lo fue porque -en verdad-hubo algunos elementos coincidentes: 1) a Boca le costó en demasía encontrar una mecánica de juego (más cuando fue expulsado Traverso en la primera etapa); 2) Belgrano optó por el camino más simple: ordenamiento defensivo y sorpresa en el contraataque, y 3) la desventaja de Boca (vía Obolo) obligaba a cambiar o irremediablemente perder. Así de simple o de complejo, según con el cristal con que se mire. Boca defensivamente daba ventajas, fundamentalmente cuando la pelota llegaba por vía aérea, y no tenía una salida clara. Sin embargo, apeló a lo que en la jerga se denomina «oficio». Colocó más gente en el medio, Serna se adelantó unos metros, Clemente Rodríguez comenzó a ganar zona ofensiva, Battaglia-Gaitán se pegaron para alternar en la salida, Boca -aun con problemas-encontró caminos hacia el arco adversario y Delgado les puso algo de pimienta a sus escapadas.
Córner, cabezazo de Battaglia hacia atrás y Crosa envió a la red. Luego llegó otro centro de Clemente Rodríguez, Carreño envió (de cabeza) para la entrada de Battaglia y el remate rasante ganó la red. Poco después, en un contraataque quedó Carreño solo y pareció todo terminado. Sin embargo, un penal (inexistente) de Forchetti a Mugnaini hizo que el partido tuviera una cuota de emoción más, aunque no alcanzara para más.
La pitada final les dio los puntos que Boca y Tabárez necesitaban para encarar con posibilidades esta nueva etapa y Belgrano se quedó --fi-nalmente-sin poder sumar en esa carrera contra el puntaje del fondo de la tabla, que lo tiene -hasta ahora-condenado al descenso directo, que no es poca cosa.
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