Para Gimnasia, va a ser un partido inolvidable. Porque fue el primero que jugó en su estadio por la Copa Libertadores y porque tuvo una amplia victoria, con goles para todos los gustos.
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Fue el partido «soñado» porque a los 7 minutos ya ganaba 1 a 0, y entonces, el esquema defensivo de Alianza Lima ya no servía para nada. Los peruanos fueron dos equipos diferentes: el que atacaba lo hacía con acierto y con la habilidad de Farfán, un delantero que complicó y mucho. El que defendía cometía todos los errores posibles -sobre todo en las pelotas aéreas-y golpeaba a mansalva ante la pasividad del árbitro brasileño.
Por eso el partido fue de ida y vuelta, con permanentes situaciones de gol en los dos arcos. Trabajaron mucho ambas defensas, aunque con distinta efectividad, y lo mismo se puede decir de los ataques. Enría fue imparable, y el «Pampa» Sosa tuvo un duelo con el uruguayo Olveira que terminó sacándolo de la cancha a los codazos, con el rostro cortado.
Gimnasia fue superior en las dos áreas y allí se justifica su triunfo. Porque fue contundente cuando atacó y seguro cuando defendió. Tuvo en Leiva, Lobos y Enría a sus mejores valores.
Alianza se mostró como un equipo ingenuo, a pesar de la experiencia de sus jugadores: cuando se defendió, «hizo agua» por todos los sectores y, cuando atacó, mostró habilidad, pero le faltó precisión para marcar algún gol más.
Gimnasia hizo todos sus goles en el primer tiempo, porque en el segundo se dedicó a trasladar la pelota hacia los costa-dos esperando que pasen los minutos, porque el triunfo estaba asegurado.
El equipo platense ahora es el puntero de su grupo y esta diferencia de gol le puede servir para clasificar para la segunda rueda.
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