30 de julio 2014 - 23:57

De empresario familiar a manejar el dinero de la FIFA

Llegó en plena dictadura y supo convivir con gobiernos de todas las ideologías. "No estoy acostumbrado a dar un paso al costado. Mientras me de la salud, seguiré siendo presidente. Si es posible saldré con los pies para adelante", explicaba a menudo.

Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), falleció dejando un legado de 35 años al frente de la AFA y 26 años como miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA.

Con su mano dura y una forma de conducción unipersonal, se transformó en el referente absoluto del fútbol argentino desde su asunción el 6 de abril de 1979 bajo la última dictadura militar y se mantuvo tras el regreso de la democracia y con gobiernos de distinto signo político: peronistas, radicales y de alianzas.

Fueron 35 años, tres meses, y 24 días los que se extendió la presidencia de Julio Grondona en la AFA, durante los cuales pasaron quince presidentes en la Argentina, diez entrenadores de la Selección y tres Papas.

"Mientras tenga el respaldo de los clubes y de las ligas del fútbol argentino seguiré en este lugar de privilegio", dijo en reiteradas oportunidades para justificar su permanencia en la primera magistratura del fútbol argentino.

Como adolescente fue media punta en las divisiones juveniles de River, más tarde estudió en la Universidad del Salvador, y en la Facultad de Ingeniería de la ciudad de La Plata.

Tras el fallecimiento de su padre, abandonó los estudios a los 24 años para hacerse cargo, como el mayor de seis hermanos, de la empresa familiar Lombardi-Grondona S.A., dedicada a la comercialización de materiales para la construcción en Avellaneda.

Allí conoció a la empleada Nélida Pariani, con la que se casó y tuvo tres hijos: Liliana, Humberto y Julio, quienes le dieron seis nietos. El 16 de junio de 2012 falleció la que definió como la "gran compañera de su vida".

Incluso, una de las últimas anécdotas que los unieron y que rondaron en los pasillos de la AFA, fue que Nelly le "recomendó" a Alejandro Sabella para la Selección argentina.

"Vos no te podés perder a ese hombre", le dijo justo antes de que Grondona diera la orden para que Sabella se "baje" del avión que lo iba a llevar a dirigir a Dubai.

Comenzó su carrera como dirigente de fútbol al fundar en 1956, junto a parientes y amigos de su barrio, Arsenal Fútbol Club, en la localidad de Sarandí, en el partido de Avellaneda, que alcanzó la categoría profesional en 1965.

Nada lo endureció más en la vida, según admitió, que el secuestro de su hijo Humberto, en 1973, a la salida de un entrenamiento de Arsenal. Durante nueve días se encargó de negociar con los secuestradores el pago del rescate y la liberación.

En 1976, asumió la presidencia del Independiente y ejerció las funciones de tesorero de la AFA. En 1979, un año después de que la Selección ganara su primer Mundial, fue designado presidente de la máxima entidad del fútbol argentino.

Manejó la AFA de una manera personalista y durante buena parte de su mandato acudió al consenso de la gente para tomar decisiones, pese a que siempre fue el eje de los insultos ante cualquier situación adversa para equipos e hinchas.

Además, creó las condiciones para convertir a la AFA en millonaria, aunque ese nivel económico-financiero no se reflejara en el de la mayoría de los clubes, muchos de ellos empobrecidos y deudores de la misma casa del fútbol.

Su familia estuvo y sigue estando muy ligada al mundo del fútbol. Su hijo Humberto es actualmente encargado de los seleccionados juveniles y Julito, hijo menor, es el actual presidente de Arsenal de Sarandí.

Además, su hermano Héctor fue titutal de Independiente, al igual que él, y su sobrino Gustavo jugó en el equipo del Viaducto durante tres ciclos diferentes.

"A mí me eligieron los clubes, no el almirante (Alberto) Lacoste", sostuvo al intentar defenderse de quienes lo señalaban como un instrumento del gobierno militar que por entonces encabezaba Jorge Rafael Videla.

Desde aquel momento, cada cuatro años fue reelegido en el cargo, en total siete veces, y sólo una vez tuvo un opositor, el exárbitro Teodoro Nitti, quien sólo obtuvo un voto, el propio.

En 1988, año en el que ocupaba también un importante cargo en la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) fue designado vicepresidente de la FIFA, entidad en la que encabezó hasta su falecimiento la Comisión de Finanzas, además del Consejo de Mercadotecnia y Televisión.

En la FIFA escaló al ganarse la confianza y la consideración del expresidente Joao Havelange y del actual titular, Joseph Blatter, quienes siempre han manifestado su aprecio por Grondona debido a sus "cualidades de un hombre consecuente, responsable y prudente".

Afiliado al Partido Radical desde 1964, Grondona rechazó en 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia del país tras elecciones libres, ser candidato a intendente de Avellaneda.

"A la AFA no la cambio por nada", afirmó siempre.

Tras su llegada a la presidencia de esa entidad, decidió no ir a ningún estadio a ver partidos de las competiciones locales para "evitar suspicacias".

La Justicia lo tuvo en la mira en más de una ocasión y en todas salió indemne y ha relatado con inocultable orgullo que todas las causas que le abrieron en los tribunales fueron cerradas por falta de mérito y con su absolución.

"Todo pasa" fue su frase de cabecera, impresa en un anillo de oro macizo y en una placa que durante años tuvo sobre su escritorio, detrás de la cual había una foto de 1979 que lo mostraba en la cordial recepción que le dio en el Vaticano Juan Pablo II.

"Desde 1980 para adelante es tanto el tema de drogas y alcohol en el fútbol, en las tribunas, que es muy difícil controlarlo. El problema de la violencia no es de los clubes, es del estado y todos tenemos que cumplir con la seriedad necesaria", dijo en innumerables ocasiones.

"No estoy acostumbrado a dar un paso al costado. Mientras me dé la salud, seguiré como presidente de la AFA. Si es posible saldré con los pies para adelante", afirmó en reiteradas oportunidades al referirse a su sillón presidencial en la "casa del fútbol", de la calle Viamonte, ubicada en el centro de Buenos Aires.

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