Apenas con lo justo, Egipto derrotó a Paraguay 1 a 0 y logró un tercer puesto que parecía muy lejano en el inicio del Mundial Sub-20.
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En el comienzo, Egipto mostraba una mayor vocación ofensiva que Paraguay, pero le faltaba la claridad necesaria en el traslado de pelota y profundidad en los últimos metros para capitalizar en la red esa superioridad que existía en el juego. Cada vez que los egipcios lograban llegar hasta el arco adversario, chocaban con la seguridad del arquero Eduardo Cáceres, quien reemplazó al titular Diego Barreto y respondió con solvencia en cada avance rival. Tanto, que salvó dos veces lo que parecía la caída segura de su arco, una vez ante el potente El Yamany (tras gran jugada individual), y la restante, ante Gamal Hamza, tras un remate desde afuera del área.
Sin embargo, la ilusión de los paraguayos duró apenas hasta los primeros minutos del complemento. Nuevamente apareció el rubio El Yamany y esta vez no perdonó: colocó un remate bajo desde fuera del área, para superar a Cáceres y establecer el 1 a 0 que finalmente sería definitivo.
A Paraguay no le alcanzó siquiera con el amor propio de alguna de sus individualidades. Mostró un juego desordenado, carente de ideas, y sus escasas llegadas fueron a través de remates de media distancia. Demasiado poco como para intentar inquietar a un equipo africano que no cometió errores en su zona defensiva.
Con el tercer puesto, Egipto logró su mejor actuación en un mundial juvenil, superando el octavo lugar conseguido en Australia '81. A pesar de la derrota, Paraguay también hizo el mejor papel de su historia en un mundial de la categoría, ya que su desempeño más importante había sido una quinta posición en Túnez '77.
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