Con la finalización de las clases, afloran las colonias de vacaciones. Un lugar de contención para niños de todas las edades que tiene como valor agregado el entretenimiento dentro de un ámbito deportivo. Por ejemplo, en el club Ferro Carril Oeste (a pesar de las vicisitudes judiciales que padece), se ha inscripto alrededor de un millar de chicos.
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Un conglomerado infantil que se reúne con los nombres simbólicos de Arbolitos, Tiburones y así sucesivamente. En las colonias es donde los chicos comienzan a exponer sus primeras manifestaciones (o gustos) por ciertas disciplinas deportivas, y, a través del juego, los profesores de educación física detectan algunos «talentos» e invitan a sus padres a que les permitan seguir el largo camino y las exigencias de un deporte determinado.
Son pocos los que quedan, pero es tal vez la única manifestación positiva como «escuela de iniciación deportiva» que terminan cuando esos mismos chicos comienzan o vuelven al ciclo primario. Los establecimientos educacionales no abren sus puertas sábados, domingos ni feriados (a pesar de que muchos de ellos tienen grandes playones polideportivos); las directoras que primero alegaban que no podían hacerlo porque «ensuciaban la escuela» ahora se ven más acotadas aún porque son responsables de cualquier accidente o anormalidad que ocurra dentro de ella. Imposible conseguir una autorización.
A esa circunstancia habrá que agregarle que los profesores van de una escuela a la otra en márgenes decididamente cortos para llegar a sumar un sueldo aceptable, y raramente se pone en estudio un programa de base a cumplir que tenga un orden criterioso. Los aptos practican con los que no están en condiciones físicas de hacerlo, y la hora de educación física se transforma casi siempre en un largo recreo.
• Lejos
Si en la escuela primaria estamos lejos de lo que ocurre en países del primer mundo, ni siquiera puede analizarse lo que ocurre en la etapa secundaria. Más o menos lo mismo, pero con un déficit mucho mayor, porque, si bien el aspecto físico se realiza fuera del horario de las materias que conforman el plano curricular general, las ausencias (partes médicos de por medio) son pan de todos los días. A nivel terciario, directamente este tema desaparece por completo.
Esto viene a cuento porque, cuando los atletas argentinos tienen que salir a competir, ya sea en torneos sudamericanos, panamericanos, mundiales o en los Juegos Olímpicos, todos terminan rasgándose las vestiduras. Siempre se limita lo actuado al recuento de medallas, que no es más que una consecuencia de lo que tenemos. Muy poco por cierto y, vale decir, por exclusivo esfuerzo personal.
Por tanto, sería conveniente hacer un repaso por los países de Europa, Estados Unidos y hasta Brasil, México y por la misma Cuba, para sacar algunos ejemplos. Seguramente, valdrá la pena.
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