Los refranes siempre llevan, más que un mensaje, una verdad casi siempre irrefutable. Por ejemplo, el que dice que «la mentira tiene paras cortas...». Es lo que le pasó a Sergio Marchi, la cara visible de Futbolistas Argentinos Agremiados, que «por esas cosas del fútbol» tuvo un enfrentamiento con Julio Grondona, de tal dimensión que la pulseada terminó por definirse en la Casa de Gobierno.
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Ese partido, en realidad, comenzó a jugarse el mismo jueves por la noche, cuando Grondona, desde su casa de Sarandí, hizo saber que la fecha se posponía para la semana siguiente (se entendía que era para el sábado 29 y domingo 30) como consecuencia del cariz que -por esas horas-se vivía en Capital y el Gran Buenos Aires. Incluía Primera División y Nacional B, mientras el resto se debía jugar el próximo año. La situación planteada por AFA les creaba un problema Marchi y sus boys, porque se aferraban a un articulado del convenio colectivo de trabajo que se estipula que «los jugadores deben tener licencia desde el 24 de diciembre al 10 de enero (21 días de descanso). El problema le fue explicado a Grondona, y el titular de AFA atendiendo (y entendiendo) el problema. Procedió a adelantar las fechas de esos torneos para el miércoles 26 y jueves 27. Futbolistas Agremiados comenzó a «cambiar el discurso».
Como algunos jugadores le hicieron saber que ya tenían en su poder pasajes para disfrutar de las vacaciones (casi todos en Centroamérica y el Caribe), Marchi sacó un comunicado señalando que «los jugadores no van a dar servicio debido a la situación conflictiva del país» y «porque los argentinos vivían horas difíciles donde no había seguridad para jugar al fútbol». Fue como si a Grondona le hubiesen pegado un tremendo mandoble en pleno rostro y, en lugar de colgar los guantes, salió a pelear.
La gente que estaba cerca del «mandamás» de AFA asegura que se le escuchó decir: «Estos tipos me quieren tomar por pe... Me dejan a mí como si yo fuera un insensible que no le interesa la situación de los argentinos, y ellos alegremente posponen la definición de un torneo, porque lo único que les importa es tomarse las vacaciones para irse al Caribe... Si son profesionales para cobrar los 25, como lo dispone el fideicomiso, que lo sean también cuando tienen que jugar».
Marchi (y después Domínguez) comenzó a esgrimir inconsistentes argumentos. Por ejemplo, que habían consultado a los capitanes de los equipos, cosa que no sólo no hicieron, sino que, además, provocó una respuesta irónica de Grondona: «¿A quién consultaron, a Loustau, de la Máquina de River?». Por ese entonces, Grondona ya había pedido autorización a la Policía para jugar esos días, con resultado positivo, al tiempo que Fernando Marín estaba haciendo consultas en el gobierno (con Miguel Angel Toma) y sabía que Ubeda, Comizzo y Aragón (de Quilmes) aseguraban que nadie había hecho llegar consulta alguna.
En Agremiados también llegaban destellos de la onda expansiva de los gruesos epítetos que le dirigían a la gremial los jugadores de Racing, Olimpo, Quilmes y San Martín de Mendoza. Marchi se encontraba en una verdadera encrucijada, y como si todas estas evidencias fueran poca cosa, llegó una citación de Toma (en ese momento, ministro transitorio de Interior) citando a las partes a una reunión «plenaria», donde el gobierno «aseguraba la seguridad» a Agremiados para que los partidos que tenían algo que definir se jueguen, y no le quedó otro camino que aceptar. Grondona (sacando pecho) enfrentó a los periodistas, y Marchi se fue silbando bajito, tomando un recodo para pasar inadvertido.
Por tanto, el jueves a las 17.10 jugarán en Liniers Vélez y Racing y, en Núñez -a la misma hora-, River-Rosario Central (en caso de un eventual partido desempate se jugaría el domingo 30); mientras que el mismo jueves en el horario de las 19.10 lo harán Olimpo-Instituto, Quilmes-El Porvenir y San Martín (Mendoza)-Atlético Rafaela.
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