El 8 de julio de 2014, Alemania protagonizó una de las mayores goleadas al vencer 7-1 a Brasil en la semifinal del Mundial disputada en en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte.
Sin Neymar ni Thiago Silva en el plantel brasileño, la selección alemana marcó cinco goles en el primer tiempo y avanzó a la final del torneo.
La goleada en Belo Horizonte rompió una racha de 39 años sin derrotas de Brasil como local.
El 8 de julio de 2014, Alemania protagonizó una de las mayores goleadas al vencer 7-1 a Brasil en la semifinal del Mundial disputada en en el Estadio Mineirão de Belo Horizonte.
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La selección local llegaba a ese encuentro con la presión de conquistar su sexto título como anfitrión, pero sufrió la ausencia de Neymar, lesionado en los cuartos de final ante Colombia, y de su capitán Thiago Silva, que estaba suspendido. El rival aprovechó cada error defensivo, marcó cinco tantos en solo 18 minutos del primer tiempo y sentenció el partido antes del descanso.
El Mineirazo significó la peor derrota de Brasil en la historia de los Mundiales y superó el recordado Maracanazo de 1950, cuando Uruguay ganó 2-1 en el Maracaná y le impidió coronarse frente a su público.
Brasil comenzó el partido intentando presionar la salida de Alemania y buscar recuperar la pelota cerca del área rival. Durante los primeros minutos logró incomodar al equipo europeo, pero esa intensidad desapareció frente al orden táctico del conjunto dirigido por Joachim Löw.
A los 11 minutos llegó el primer golpe. Toni Kroos ejecutó un córner desde la izquierda y Thomas Müller apareció para definir de derecha el 1-0.
El segundo tanto llegó a los 23 minutos. Miroslav Klose recibió dentro del área tras una combinación ofensiva y venció al arquero Júlio César para marcar el 2-0. Con ese gol, el delantero alcanzó los 16 puntos en Mundiales y superó a Ronaldo Nazário como máximo goleador histórico de la competencia.
A los 24, Toni Kroos convirtió el tercer gol después de una recuperación alemana en campo rival. Solo 69 segundos después, volvió a aparecer para el 4-0 ante una defensa brasileña completamente desordenada.
A los 29 minutos, Sami Khedira amplió todavía más la diferencia. Alemania aprovechó nuevamente los espacios que dejaba Brasil y llegó al descanso con 5-0.
En el segundo tiempo, Alemania redujo la intensidad y Brasil tuvo algunas aproximaciones. Marcelo, Paulinho y Oscar intentaron descontar, pero Manuel Neuer respondió cuando fue exigido.
A los 69 minutos apareció André Schürrle, quien había ingresado desde el banco, para marcar el sexto gol.Tras diez minutos, convirtió nuevamente con un potente remate y estableció el 7-0.
Brasil consiguió anotar en el minuto 90 por intermedio de Oscar, pero el gol no modificó el desarrollo del encuentro. El árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez determinó el final y confirmó la derrota más dura de la selección brasileña en una Copa del Mundo.
Tras el resultado, se produjeron disturbios en distintas ciudades de Brasil. En San Pablo, incendiaron tres colectivos y se registraron saqueos, mientras que en Río de Janeiro hubo incidentes y enfrentamientos entre grupos de hinchas y fuerzas de seguridad. En Belo Horizonte, la ciudad donde se disputó el partido, también se produjeron disturbios y detenciones.
La diferencia entre Alemania y Brasil no estuvo solamente en la efectividad frente al arco. El equipo dirigido por Joachim Löw mostró una superioridad evidente durante todo el partido y aprovechó las debilidades del conjunto brasileño.
Una de las claves fue la presión alemana sobre la salida del rival. Alemania no esperó cerca de su área, sino que adelantó sus líneas para obligar a los defensores a tomar decisiones rápidas. Cada recuperación encontraba a la defensa local mal posicionada.
Brasil dependía demasiado de acciones individuales. Sin Neymar ni Thiago Silva, el equipo perdió dos figuras fundamentales. David Luiz asumió demasiadas responsabilidades, avanzaba constantemente para intentar cortar ataques y dejó espacios que Alemania explotó con pases rápidos.
El mediocampo también fue una zona decisiva. Alemania, con Toni Kroos, Sami Khedira y Bastian Schweinsteiger, logró controlar la circulación de la pelota y superar a Fernandinho y Luiz Gustavo. La selección europea encontraba superioridades numéricas en ataque y llegaba al área brasileña con pocos toques.
Además, mostró una coordinación ofensiva que Brasil no pudo igualar. Los movimientos de Thomas Müller y Klose generaban desajustes. Los cinco goles del primer tiempo llegaron después de errores colectivos, no de jugadas aisladas.
Alemania tuvo varios protagonistas en una noche histórica. Thomas Müller fue el encargado de abrir el marcador. Su capacidad para encontrar espacios fue una de las grandes amenazas para la defensa brasileña.
Toni Kroos fue la figura estadística del partido. El mediocampista marcó dos goles en menos de dos minutos, participó en varias jugadas ofensivas y manejó los tiempos del equipo alemán.
El tanto de Miroslav Klose ayudó a sentenciar el partido y le permitió convertirse en el máximo goleador de la historia de los Mundiales, superando a Ronaldo Nazário justamente contra Brasil y en su país.
André Schürrle completó la goleada entrando desde el banco. Sus dos goles en el segundo tiempo aumentaron una diferencia y dejaron el marcador final en 7-1.
En Brasil, las críticas apuntaron principalmente al funcionamiento defensivo. David Luiz quedó señalado por la falta de orden de la última línea y por no poder reemplazar a Thiago Silva, ausente por suspensión. Dante, Fernandinho y Luiz Gustavo tampoco pudieron contener los movimientos alemanes.
Julio César recibió siete goles, aunque la mayoría llegaron tras errores defensivos colectivos. En ataque, el local sintió demasiado la ausencia de Neymar. Sin su principal figura ofensiva, el equipo perdió desequilibrio y capacidad para generar peligro.
Luiz Felipe Scolari, el entrenador, asumió la responsabilidad después del partido y afirmó que fue "el peor día" de su carrera deportiva.