Algunos aseguran que el fútbol se emparejó en el mundo. Es posible que algunos hayan descendido de su tabla histórica y otros hayan progresado. Sin embargo, los países que tradicionalmente tienen buen fútbol lo siguen sosteniendo y a los que le falta el «fuego sagrado» continúan sin conseguirlo, aunque táctica y técnicamente estén a la altura de los mejores del mundo.
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Otra frase que se escucha de forma reiterada sostiene que nuestro fútbol doméstico bajó notablemente y que los torneos no tienen el mismo atractivo que los anteriores. Tal vez tengan una cuota de certeza si se tiene en cuenta la venta -por ejemplo-de Aimar y de algunos valores jóvenes que emigrarán en poco tiempo.
Sin embargo habrá que hilar demasiado fino para que esa apreciación tenga un cierre completo. Simplemente porque ayer, en la apertura del Mundial Sub-20, Argentina poniendo sólo en la cancha algunos jugadores de talento, con el desequilibrio individual de alguno de ellos, le sobró paño para ganarle a Finlandia, a pesar de que apenas pudo hilvanar un par de jugadas asociadas y que mostró una manifiesta carencia de llegadas con posibilidades de gol.
Obviamente esta situación sirve para plantear las diferencias que se vieron entre Argentina y Finlandia, un equipo mecanizado, muy veloz, con hombres de gran altura, que puede ser peligroso si se le juega al mismo ritmo, si logran imponer el juego aéreo como fundamento de llegada al gol (por ahí llegó la única jugada seria que devolvió el travesaño) y el pelotazo como fundamento de llegada. Del mediocampo no hablemos.
Los juveniles argentinos se mostraron sólidos en defensa (Colotto y Coloccini fueron impasables), con alguna imprecisión cuando la pelota transitaba por el medio, pero haciendo un semicírculo para recepcionar todo rebote que provenía del adversario. Hasta ahí las cosas funcionaban discretamente y a veces bien, pero en tres cuartos de cancha encontraban una «zona gris», donde el diálogo futbolístico parecía interrumpirse.
A la hora de echar culpas podrá decirse que Romagnoli (en la salida) y Saviola (a la hora de resolver en ataque) tienen cierto magnetismo sobre el resto. Beneficioso a todas luces cuando funciona bien, pero dos jugadores no hacen un equipo y Argentina funcionó cuando Medina, Maximiliano Rodríguez y D'Alessandro (ingresó por Ponzio), desnudaron lo poco que era Finlandia. Tanto que por momentos no sabían qué hacer.
Si la actuación de los arqueros es medida de algo también podría afirmarse que ni Lux ni Fredrikson tuvieron que moverse demasiado para sacarse el frío ambiental. La diferencia estuvo en un tiro libre que Maxi Rodríguez clavó en un ángulo y una gran jugada que culminó en remate cruzado de D'Alessandro. Dos lindos goles y alguna diablura individual de Saviola (uno pudo culminar en golazo).
El Sub-20 de Pekerman ganó. Triunfo indiscutible y puede (o debe) progresar a manera de conjunto. No es sólo una intención de deseo. Es posible. Tal vez cuando todo gire en esos chicos que pintan para grande y no sólo en Romagnioli-Saviola, el resultado sea otro, hablando en lo futbolístico. En otras palabras que no sea un juego de a dos. Cuando lo hicieron en conjunto estuvieron para más y quizás eso es lo más rescatable de este debut lleno de esperanza. Aunque por ahora no de realidades.
Argentina: Lux; Cetto, Colotto, Coloccini, Seltzer; Ponzio, Medina, M. Rodríguez, Romagnoli; Saviola y Herrera. DT: J. Pekerman.
Finlandia: Fredrikson; Haapaniemi, Aho, Parnela, Martikainen; Haarala, Niskala, Okkonen, Vayrynen; Forssell y Sjolund. DT: K. Ukkonen.
Goles: PT 40m M. Rodríguez (A); ST 19m D'Alessandro (A).
Cambios: ST 13m D'Alessandro por Ponzio (A), 17m Jussi Peteri por Haarala (F), 25m M. Rosales por Herrera (A), 29m Kristian Kunnas por Niskala y Teemu Lampinen por Sjolund (F), 32m O. Ahumada por Romagnoli (A).
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