En un partido histórico, Independiente dejó sin nada a Boca
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Dio en la tecla. Farías se despertó y, con tres goles, dejó a Boca sin punta e invicto.
Pegó primero Independiente, que a los seis minutos se encontró con una inesperada ventaja de dos goles: Patricio Vidal puso el 1-0 a los 37 segundos, tras capturar una pelota perdida en el área; y Osmar Ferreyra, de tiro libre y con la colaboración de Agustín Orión, amplió la diferencia para los de Avellaneda.
La crisis de la visita, que le costó el puesto a Ramón Díaz y la eliminación en la Copa Argentina a manos de Belgrano de Córdoba, se disipaba en un puñado de minutos ante el campeón en ejercicio y, a la espera de la posible llegada del nuevo entrenador, Américo Gallego, devenía en súbito heroísmo del interino Cristian Díaz.
Era, sin embargo, un espejismo: Boca se adueñó inmediatamente de la pelota y, con la imaginación de Juan Román Riquelme, empezó a acercarse hasta el arco defendido por el juvenil Diego Rodríguez. Su arma predilecta: los desbordes de Orlando Gaona Lugo por la banda derecha.
Facundo Roncaglia descontó a los 12 minutos, y aunque Farías cortó su sequía personal y llevó la cuenta de Independiente a tres con un gran cabezazo, Riquelme construyó una definición deliciosa en el área, Ferreyra desvió la pelota y Boca, empujado por su público, se fue al descanso con desventaja mínima.
Otros seis minutos del segundo tiempo le costó empardar al equipo dirigido por Julio César Falcioni, y fue otra vez Roncaglia que aprovechó el rebote en el palo de un cabezazo de Santiago Silva para poner el 3-3.
Boca insistió en el dominio, mejor parado en el mediocampo, y siguió generando cierto riesgo en el área visitante.
Además, y a diferencia de Independiente, corrigió sus errores en el fondo, línea de la que, apoyado en rendimiento y cifras, venía presumiendo solidez hasta el primer tiempo de este mismo partido.
Entre una cosa y la otra los equipos se fueron poniendo en su lugar: el campeón yendo y los de Avellaneda aguantando y sufriendo. El peso natural, el desequilibrio, desembocó en lo previsible: gol de Boca. Riquelme habilitó en profundidad a Juan Sánchez Miño que desbordó y tiró el centro atrás para que Pablo Ledesma apareciera con un cabezazo potente y convirtiera el 4 a 3.
Cuando Díaz había vuelto a ser el técnico al que sólo le daba para seguir en Reserva; cuando los hinchas visitantes se encomendaban al dios Gallego para salir del pozo; cuando a Independiente no le quedaban reservas morales para revertir la historia, sucedió lo imprevisible: Boca tuvo dos lagunas en su memoria defensiva.
Independiente, así, primero empató, cabezazo de Farías en el área; y después lo ganó, con una linda definición del propio goleador. 5 a 4, inolvidable, vibrante, emotivo, un atentado a la táctica y al humor de los hinchas que fue cambiando con el correr de los minutos una y otra vez.



