El cansancio, el desgaste físico y una lesión en uno de sus dedos fueron demasiado costosos para Guillermo Cañas e hicieron que se despidiera ayer del césped de Wimbledon en octavos de final, tras perder en sets corridos ante el sueco Thomas Enqvist. El resultado (6-3, 6-3 y 6-1) habla de una marcada diferencia, pero -de ninguna manera- opaca la actuación de Cañas en el All England Club, llegando a una instancia que el tenis local no alcanzaba desde 1979.
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El argentino comenzó el partido ante Enqvist como había terminado los anteriores: jugando en gran nivel, mostrando un tenis sólido desde el fondo de la cancha y un saque potente. Sin embargo, el sueco apeló a su mayor oficio y comenzó a volcar el juego a su favor, movió a Cañas por toda la cancha y lo obligó a devolver siempre mal parado. En el segundo set, Enqvist no sólo se mostró seguro desde el fondo, sino que también ajustó su saque, lo que terminó siendo clave para un resultado favorable.
«Estoy desilusionado. Tengo que asumir que estos jugadores no te dan nunca una posibilidad, que necesitás hacer un esfuerzo continuado y con confianza, porque no se puede esperar su error», analizó el argentino. «Si hubiera perdido, pero haciendo lo que debía, estaría más animado. No todos los días juega uno bien.»
Con su acceso a octavos, Cañas, quien comenzó el año en el puesto 227, se ubicará entre los 35 mejores del mundo. Que no es decir poco. «Colocarme en el puesto 35 está bien, pero no es lo que quiero. No me basta. Lo que me conforma es jugar bien al tenis y entrenarme para enfrentar a un jugador como Enqvist, uno de los diez primeros. Sólo me conformaré cuando esté entre ellos, cuando aprenda lo que me falta.»
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