Carlos Tevez y Emanuel Ginóbili, las caras del éxito argentino en los deportes más populares del planeta. «Carlitos» -goleador del certamen de fútbol en los Juegos Olímpicos-llegó al país ayer y, por la tarde, fue a ver a su club, Boca Juniors, donde fue ovacionado y felicitado por Diego Maradona. «Manu» fue elegido el jugador más valioso del torneo. Los dos -junto con sus compañeros- alegraron al país con su desempeño en las Olimpíadas. Los dos se recibieron de ídolos.
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Argentina llegó a esta instancia ganando el Preolímpico en Chile (donde Paraguay eliminó a Brasil). A este equipo, Bielsa le agregó los tres mayores de 23 años: Heinze, Kily González y Ayala, precisamente el jugador que tiene el oro de Grecia y la plata de Atlanta '96. Así Pasaron Serbia y Montenegro, Túnez, Australia, Costa Rica, Italia y Paraguay. Lo cierto es que Argentina jaqueó esta vez a la historia y ya tiene las vitrinas cubiertas, con el único título que le faltaba.
Seguramente en lo que pocos creían era en la sorpresa que dio el básquet nacional. A pesar de que el título no es casual, porque este plantel comenzó a modelarse precisamente en el Premundial de Neuquén en el año '96, cuando este mismo grupo de jugadores (sólo ahora con la inclusión de Herrmann y Delfino) comenzó a subir los peldaños que terminaron con un recordado subcampeonato del Mundo en Indianápolis, ya que cerca estuvieron de alcanzar el título máximo, de no ser por un controvertido fallo de un árbitro griego.
Sin embargo, el proceso había comenzado mucho antes. Cuando León Najnudel (que escribió columnas en este mismo diario) lanzó la idea de la formación de la Liga Nacional de Clubes, que permitió el ingreso de americanos de nivel, que el torneo se hiciera competitivo y que los chicos fueran teniendo espejo para ser grandes, más allá de federalizar el básquet. Tanto que comenzaron a surgir figuras locales y la mayoría tomó camino a Europa y hasta alguno hizo pie en la NBA (como Ginóbili, Pepe Sánchez o Wolkowiski).
El sábado se coronó el esfuerzo, con un equipo de gran experiencia internacional y donde sus integrantes están jugando en los cuadros más importantes del mundo basquetbolístico, yendo de menor a mayor, escalonando un difícil torneo, donde cada partido parecía un escollo infranqueable: Servia y Montenegro, España, Italia y China. Lograda la clasificación debió superar luego al local Grecia, Estados Unidos e Italia, que había superado a Argentina en el primer partido. Un oro trabajado al más alto nivel.
En el medallero le siguieron Las Leonas, a quienes se les escapó la lucha por una medalla de oro en el hockey femenino. Cayeron en semifinales por penales ante Holanda (que finalmente fue superada por Alemania) y debieron vencer a China para lograr una presea de bronce. Más que meritorio por cierto, porque demostraron -una vez más- que es un equipo sólido y lleno de individualidades de gran jerarquía, cualidades que las mantienen en lo más alto del nivel internacional.
También merece párrafo aparte la actuación de Paola Suárez y Patricia Tarabini, que fueron escalando hasta alcanzar otra medalla de bronce, o la esforzada labor de Carlos Espínola y Santiago Lange, que en la clase Tornado de Yachting lucharon ante la adversidad para ocupar también el tercer lugar y ganar otro bronce. Con esta medalla, Espínola se constituyó en el único deportista argentino en ganar tres medallas en tres juegos consecutivos (plata en Atlanta '96 y Sydney 2000 y bronce en Grecia 2004).
La cuarta (que en realidad fue la primera medalla lograda por Argentina) fue lo realizado por Georgina Bardach en los 400 metros Medley. Algo que en natación no se lograba desde que Janneth Kampbell en 1936 logró una medalla de plata en natación.
Por eso, que ahora nadie quiera adueñarse de esta realidad, que es pura y exclusiva propiedad de los deportistas.
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