El ATP de Buenos Aires soñó durante muchos años con tener al tandilense en su cuadro principal. “Delpo” aducía diferencias con su calendario, ya que por esos días solía disputar torneos sobre canchas duras para preparar los Masters 1000 de Indian Wells y Miami. Pero el polvo de ladrillo porteño, en realidad, era sólo el pretexto ideal para enmascarar las rencillas que mantenía con el director del torneo.
Las rispideces entre el de Unquillo y el de Tandil nunca cesaron, aunque se sostenían de forma precaria cuando integraban el combinado nacional. Fue durante la capitanía de Modesto Vázquez que ambos acercaron posiciones. Pero la explosión final ocurrió en diciembre de 2011, antes de que se disputara la final ante España en Sevilla. En el seno del tenis argentino ya se sabía: la AAT había decidido que Jaite fuera el nuevo capitán, sin darle la oportunidad a “Tito” de decidir su eventual continuidad en el cargo aun con la posibilidad de obtener el título por delante.
Esto generó el quiebre absoluto entre ambos pesos pesados del tenis argentino. “Delpo”, figura indiscutida, sintió que debió haber sido consultado para elegir al próximo entrenador y que la decisión buscaba consolidar el poder de Nalbandian en el grupo. “Del Potro es nuestro as de espadas”, argumentó rápido Jaite en su presentación, a finales de diciembre de 2011. Quería seducirlo y tender un puente que nunca llegó a construirse.
A excepción de 2007, el año de su debut, Del Potro nunca jugó la primera ronda del Grupo Mundial de la Copa Davis. Esto llevó a que el malestar entre el capitán y el deportista escalara un peldaño más. La “Torre de Tandil” no estuvo en Alemania para el inicio de la era Jaite, hace exactamente una década, pero sí fue convocado ante Croacia y República Checa, dos de las series más conflictivas de su carrera.
Abril de 2012. Por los cuartos de final, Argentina recibía a los balcánicos en Parque Roca. El campeón del US Open 2009 tuvo vómitos ante de vencer a Ivo Karlovic en el primer día. Tras la caída de Nalbandian frente a Marin Cilic el viernes, el as de espadas debía sellar el triunfo nacional el domingo a la mañana. Fue victoria, pero más sufrida de lo pensado.
Los momentos más tensos ocurrieron en septiembre del mismo año, cuando el equipo capitaneado por Jaite recibió a República Checa por las semifinales. Durante esa semana, el entonces 8 del ranking ATP entrenó en un lugar diferente al del resto de sus compañeros, que ensayaba en el mismo Parque Roca. Eran días de dolores en la muñeca izquierda, lesión que luego terminaría por frenar su carrera durante más de dos años.
Del Potro venció a Radek Stepanek el viernes, pero rápidamente surgieron rumores de una ausencia el domingo. El sábado por la tarde Jaite se encargó de confirmar que no iba a contar con su carta más valiosa el domingo por la mañana y que sería reemplazado por Carlos Berlocq, que no pudo vencer a Tomas Berdych (entonces número 6 del mundo).
En ese partido se escucharon los primeros silbidos hacia el tandilense. El capitán afirmó ante la prensa que ambos habían hablado en la noche el viernes sobre la baja del N°1 nacional pero que no lo habían comunicado al resto de los jugadores para no afectar la preparación del último día. Era el primer capítulo de una guerra que duró, al parecer, una década.
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Diciembre de 2012. El conflicto ya no se podía ocultar y se instaló en los medios cuando el capitán puso como fecha límite para confirmar la disponibilidad de los jugadores el día 10 y el doble medallista olímpico, según las versiones oficiales, nunca respondió.
“Voy a trabajar con mi equipo la comunicación”, comentó “Delpo” horas después en una conferencia de prensa en Uruguay. Pese a reconocer su error, también disparó contra el cuerpo técnico: “Me enteré que no jugaba por los medios”. Era el último movimiento previo a asestar su golpe definitivo, la renuncia a jugar la Davis en todo 2013.
Casi toda la temporada siguiente transcurrió con la eterna consulta, hacia un lado o hacia el otro, sobre el regreso de la mejor raqueta argentina. Del Potro tuvo uno de sus mejores años, con cuatro títulos ATP 500 y dos finales de Masters 1000. Consagrado como el líder del tenis albiceleste, el 15 de noviembre publicó una carta explosiva en la que acusaba a la AAT y a Jaite de emplear un “discurso hipócrita”.
“Estoy cansado de que se me invite por mail o mensajes y que me presionen a través de cierta prensa sacando notas sobre si juego o no la Davis”, dinamitaba el por entonces 5 del mundo. También aducía que el organismo “intenta dejarme mal parado frente a la opinión pública”, y cerró el texto con el anuncio de que no jugaría la primera serie de 2014 ante Italia.
El final del ciclo de Jaite como capitán llegó durante esa temporada. Tras caer frente a los europeos en la primera ronda, Argentina disputó el repechaje ante Israel en Sunrise. A pesar del triunfo, el exnúmero 10 de la ATP dejó su cargo. Eran épocas de cambios en la AAT, ya que algunos días después de ese duelo falleció el presidente Arturo Grimaldi y el poder de la AAT lo ejercieron Diego Gutiérrez y Daniel Fidalgo, quienes recuperaron a “Delpo” y escucharon su opinión de elegir un capitán de bajo perfil. Era el inicio de la era Daniel Orsanic.
Durante su etapa como capitán, Jaite nunca abandonó su puesto de Director del Argentina Open. Desde la irrupción en la elite de Del Potro, el exentrenador de Nalbandian siempre manifestó públicamente que quería tenerlo en el cuadro principal del torneo. Sin embargo, el tandilense siempre eligió jugar la gira de cemento previa a los M1000 de Indian Wells y Miami.
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Martín Jaite y Juan Martín Del Potro, los dos antagonistas del tenis argentino de la última década.
NA
La fractura de la rótula derecha que la “Torre” sufrió en 2018 cambió todo. Inactivo desde julio de 2019 tras un resbalón en Queen’s que resintió su lesión, probó varias alternativas para recuperarse y fue operado cuatro veces. Aunque clínicamente estaba en condiciones de jugar, el dolor no cesaba. Entonces, el polvo de ladrillo, una superficie más amigable con las rodillas, surgió como una opción concreta para intentar un retorno. Buenos Aires estaba más cerca que nunca.
En septiembre pasado, en el marco de una exhibición en el US Open, instaló la idea de volver al circuito en Argentina. Estas palabras pusieron en alerta al ATP porteño, cuyos organizadores comenzaron las negociaciones para la vuelta que se concretó esta semana. Sin embargo, según supo Ámbito, Jaite no participó de las tratativas para que el ganador de 22 títulos juegue el certamen.
Su regreso al tenis en el BALTC trascendió lo deportivo. Del Potro quería un ¿último? encuentro con su público para comenzar la despedida y de allí la necesidad de acercarse a personas del tenis argentino con las que antes era inimaginable siquiera un cruce de palabras. Su última actuación en el legendario estadio de Palermo configuraría el cierre perfecto para su serie documental.
La sorpresa definitiva ocurrió en la mañana del jueves, cuando el tandilense se acercó al club de Palermo para hacer una clínica con chicos. Jaite, a quien algunos por lo bajo llaman el “Monje Negro”, salió de su oficina, ubicada en las entrañas de la Catedral del tenis argentino, para recibir a Del Potro y abrazarse en un gesto que intenta demostrar una tregua, aunque está muy lejos de la realidad.
Pasaron diez años de una relación que comenzó mal y no mejoró con el tiempo, a pesar de los amagues y de los intentos por seducir con palabras a la figura más determinante del tenis argentino de la última década. Tampoco Del Potro apostó por una conciliación temprana que diera vuelta el curso del vínculo. Todo se precipitó con la lesión y el largo parate que continuará a partir de su actuación final en Buenos Aires. En tiempos de redes sociales, las imágenes esconden más historias que las que se pueden ver.