Con una remera blanca que portaba la leyenda «Gracias por darme fuerzas», Alejandro Domínguez, quien el domingo pasado sufrió la fractura del tobillo derecho ante Francia, se acopló a la vuelta olímpica junto con sus compañeros por la obtención del tetracampeonato mundial juvenil Sub-20. El jugador de Quilmes, quien durante la semana había guardado reposo en su domicilio por recomendación médica, no quiso faltar a la final con Ghana y se ubicó en la platea norte baja del estadio de Vélez Sarsfield. Antes del término del encuentro, el «Chori» bajó hasta el campo de juego con la ayuda de sus familiares y, apenas llegó el pitazo final, se subió a los hombros de Fabricio Coloccini, otro jugador que estuvo ausente, pero por haber acumulado la segunda amonestación.
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El bajo costo de las localidades, la enorme cantidad de entradas regaladas y las escasas expectativas que despertaron algunos partidos provocaron que el ingreso total por venta de tickets en el mundial Sub-20 se asemejara a lo recaudado por un solo superclásico entre River y Boca. De hecho, la recaudación final por venta de entradas en las diferentes sedes del mundial ascendió a $ 1.030.507, por la venta de 179.943 localidades. Buenos Aires, por ser el lugar donde Argentina disputó todos los partidos, fue la sede que convocó a mayor cantidad de gente, ya que se vendieron 121.334 entradas y se recaudaron 771.448 pesos. En la final se recaudaron de 161.948 por el expendio de 22.048 tickets. La sede con menos afluencia de público fue Mar del Plata, ya que al cabo de cuatro jornadas de competencia se vendieron apenas 4.691 boletos y se recaudaron $ 23.084.
La FIFA autorizó a la AFA a realizar un minuto de silencio antes del partido en homenaje a Facundo Avila, un chico que jugaba en la sexta división de Colegiales y que falleció el sábado. Avila estuvo casi un mes convaleciente después de haber sufrido un accidente durante un partido de fútbol, que le provocó la rotura y el desplazamiento de la sexta vértebra cervical, entre otras complicaciones.
El delantero ghanés Razek Pimpong cautivó al público argentino con un simple gesto: durante el precalentamiento del partido, se levantó la clásica camiseta amarilla y debajo tenía una con los colores celeste y blanco. Tal como hicieron sus compañeros en partidos anteriores -la modalidad también fue utilizada por jugadores de Egipto-, el delantero que tiñe su cabello de rubio le mostró la insignia argentina a la platea norte y a la popular que da a la calle Alvarez Jonte.
Un panfleto en contra de la AFA y en especial de su presidente, Julio Grondona, fue repartido en las adyacencias del estadio de Vélez Sarsfield. «AFA y Grondona son ricos - los clubes son pobres», indicaba el folleto, que ya había aparecido durante algunas fechas del Torneo Clausura 2001.
El técnico de Ghana, Emmanuel Afraine, admitió que sus jugadores nada pudieron hacer ante la superioridad de Argentina. «Intentamos hacer todo lo posible, pero nada pudimos hacer ante la superioridad de los argentinos. Ellos fueron los mejores, y su victoria es lo justo», dijo. «Sería ilógico pensar que Argentina no merece el título. Yo creo que fue el mejor equipo, sin dudas», destacó.
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