Milan fue demasiado para Boca y es un justo campeón mundial

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Las lágrimas finales de Palermo marcaron la impotencia de un Boca que jugó de igual a igual el primer tiempo, pero que en el segundo fue superado ampliamente por un Milan que fue un justo campeón mundial.

El talento del holandés Seedorf, la habilidad «endemoniada» de Kaká y la eficacia goleadora de Filippo Inzaghi fueron demasiado para un equipo, que obligado a atacar, dejó muchos espacios para que ellos los aprovecharan con inteligencia y precisión. El gol de Alessandro Nesta, a los 4 minutos del segundo tiempo, fue el punto de quiebre de un partido que hasta allí era parejo y con «destino incierto».

Boca había conseguido en el primer tiempo aislar a los mediocampistas defensivos del terceto creativo, y la clave fue marcar, casi en forma personal, a Andrea Pirlo para que no pueda lanzar pelotazos.

Kaká también era contenido por marcas zonales, y el único que complicaba era Seedorf jugando a espaldas de Battaglia. En la única que se escapó Kaká vino el primer gol del partido, gracias al olfato goleador de Inzaghi que se anticipó a los dos zagueros centrales de Boca.

El empate tardó sólo un minuto y fue la única vez que Boca ganó en el juego aéreo en el área contraria. El centro fue de Morel Rodríguez y el que anticipó de cabeza fue Rodrigo Palacio, poco habituado a esta clase de goles. En el segundo tiempo, Milan adelantó sus líneas. Presionó al mediocampo de Boca y le ganó la pulseada desde el despliegue de Gattuso y Ambrosini, y tuvo la fortuna de ponerse en ventaja a los 4 minutos, con un gol de Nesta luego de un rebote en el borde del área.

Allí Boca tuvo que salir a buscar el empate y casi lo consigue enseguida con un remate de Ibarra que rebotó en un poste. La actitud de los dos hizo que el partido ganara en emoción, porque a cada ataque de Boca, venía el contraataque de los italianos.

Kaká empezó a aparecer en todo su esplendor y encontró su lugar en la cancha por la izquierda, donde aprovechaba las espaldas de Ibarra y la lentitud de Maidana para cruzarlo. Así, en una jugada personal, conquistó el tercer gol con un remate desde un ángulo cerrado que encontró poca resistencia en Caranta.

Boca se descontroló y comenzó a cometer errores en todas sus líneas; como contrapartida, Milan creció y Filippo Inzaghi volvió a demostrar su capacidad goleadora poniendo el cuarto.

Después vino la expulsión de Kaladze y la decisión del técnico Ancellotti de «cerrar el partido». Cafú entró por Inzaghi y, más tarde, Brocchi por Seedorf, por lo que los italianos renunciaron a atacar.

Boca siguió haciéndolo, pero con mucho desorden y sin potencia. Igual descontó en una desafortunada jugada de Ambrossini que desvió un débil remate de Ledesma, dejando sin chances a Dida.

Milan fue un justo campeón. Con su esquema clásico y con un solo delantero neto, demostró que la diferencia la hacen los jugadores talentosos. Por eso, mientras los italianos tuvieron a Kaká, Juan Román Riquelme vio el partido desde la platea.

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