Djokovic y Nadal entretuvieron a todos en La Rural.
Dos colosos se vieron las caras por séptima vez en el año, esta vez en Buenos Aires. Protagonizaron muchas batallas que quedarán en el recuerdo, tal como este domingo quedará atesorado en la mente de los fanáticos del tenis. Rafael Nadal y Novak Djokovic pasaron por Argentina y cada uno obtuvo su resultado positivo.
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El español se quedó con el duelo por 6-4 y 7-5, pero fue el serbio el que se terminó llevando el corazón de las diez mil personas que casi colmaron el estadio montado en La Rural.
Al final de una temporada que los tuvo a ambos como número 1 del mundo, el sacrificio hizo mella y la capacidad de entrega se vio disminuida. Pero lo que exhibieron ambos fue digno de lo que jugaron durante todo el año.
Cada uno aportó lo que, tal vez, se sabía desde antes: Rafa puso el tenis y "Nole" el humor. Por eso fue el que arrancó la mayor ovación de todas, porque lo que generó. Se hizo cómplice del público y los fanáticos lo recompensaron.
Nadal mostró su clase tenística, con tiros fabulosos y potentes. Los clásicos aplausos para después de un punto de ensueño fueron para él.
El calor y otra vez la falta de experiencia de la organización aplacaron el entusiasmo de miles de fanáticos, que debieron luchar nuevamente para ubicarse en el estadio especialmente construido para la ocasión. Al menos vieron un buen partido entre las dos figuras excluyentes del año.
Hubo un tercer protagonista en la tarde de Buenos Aires. En un cambio de lado, empezó a sonar una música pegadiza, de la banda de sonido de la película "Hombres de negro". Djokovic empezó a bailar en su silla y luego se paró. De inmediato, el actor Will Smith, cantante de la pieza que sonaba, apareció en las pantallas gigantes, saludando a todos. Sobre el final de la jornada, en la ceremonia de entrega de premios, el estadounidense volvió a la primera escena cuando le dio el trofeo de ganador a Nadal.
"Nole" respondió con tenis y con monerías. Arrancó tirándole suavemente una pelota a la cola de Rafa cola y después, mientras precalentaba, con su saque intentó en un par de ocasiones atinarle a una gran botella de champagne.
El público, que otra vez se portó como correspondía y prácticamente no interrumpió en ningún momento, pidió constantemente imitaciones del serbio, que en su máximo momento de inspiración comenzó a copiar a la perfección los movimientos de Nadal para deleite de los presentes.
El segundo set se jugó con más nivel, con más ganas de victoria de cada uno, sin humor y con el deseo de regresar a su tierra para comenzar sus vacaciones. No tuvo el ímpetu de los otros seis duelos, pero bastó para llenar a diez mil fanáticos.
Nadal y Djokovic, los dos titanes del año, los dos número uno, pasaron por la Argentina y dejaron su marca. A partir de ahora, comienza el descanso para empezar en 2014 una nueva batalla por el dominio del tenis mundial.
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