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El tenista finalizó el año como el mejor argentino y latinoamericano por primera vez en su carrera, al ubicarse duodécimo en el ranking mundial, mejorando su posición por cuarta temporada consecutiva. Además, demostró su versatilidad para adaptarse a todas las superficies, ganó en Estoril (polvo de ladrillo) su primer título, repitió el festejo en Basilea (carpeta bajo techo) y conmocionó al mundo al arribar a la final de Wimbledon en su primera actuación en un certamen sobre césped.