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La paridad se mantuvo nada más que 10 minutos, hasta que Newell's se acomodó y comenzó a arrinconar a su rival, a través de los arranques de Marino, la precisión de Rubén Capria, las apiladas de Ortega y la movilidad de Iván Borghello.
Todo esto fue mucho para Quilmes, que empezó a perder las marcas -sobre todo en el mediocampo-e intentó mantener el empate el mayor tiempo que pudo.
Avisó Luciano Vella con un remate en el palo y después Pontiroli le ahogó el grito de gol a Rubén Capria. Era el fiel reflejo del dominio rosarino ante un Quilmes que soportaba ataque tras ataque.
La presión de Newell's encontró su premio con el gol de Marino, tras una excelente pared con Borghello.
A partir de ahí, el bloque defensivo de Quilmes se derrumbó, a tal punto que 4 minutos más tarde Leandro Desábato desestabilizó a Marino en el borde del área y el árbitro-Pablo Lunatti sancionó penal, en una decisión que despertó polémicas y protestas en los jugadores visitantes. El encargado de ejecutar el penal fue Ortega, que con un toque sutil al palo izquierdo estiró la diferencia, que a esa altura del partido ya era justa.
Con dos goles de diferencia, Newell's manejó los tiempos del partido y jugó con la desesperación de un Quilmes que no encontró los caminos para llegar aunque sea al descuento, a pesar que lo buscó en forma persistente. Sin embarbo, abusó de los pelotazos al área rival, pero la defensa rosarina, liderada por Julián Maidana, estuvo siempre atenta.
Con excepción de dos jugadas de peligro para los arcos -una para cada uno-, Newell's no pasó sobresaltos y se retrasó unos diez metros en el campo, dedicándose a cuidar el resultado, sobre todo en el final, cuando su técnico, Américo Gallego, cambió a Capria y Ortega por Penta y Zapata.
En el balance general, el triunfo rosarino no admite discusión, ya que fue el que buscó los tres puntos desde el inicio mismo del encuentro, con un volúmen de juego interesante e individualidades que le abrieron el camino hacia la victoria. Este nuevo triunfo le permite, junto con Vélez, mirar desde arriba al resto de los equipos. Sin embargo, sabe que no debe descuidarse, porque en un torneo irregular, donde cualquiera le gana a cualquiera, un tropezón puede costarle la ilusión de conquistar el título.
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