Después River se lució con toques, habilidad, manejo fluido de la pelota, ante un Estudiantes que siguió peleando, pero que ya sabía que tenía el partido perdido y que encima se quedó con un hombre menos por la expulsión de Alejandro Osorio, por una falta que ameritaba tarjeta amarilla, pero nunca roja directa como le puso Sergio Pezzotta, de floja tarea.
El gol en contra de Demichelis sobre el final le dio un peque-ño toque de emoción al partido y fue premio para un equipo que siguió luchando, pero que se dio cuenta que con este River no se puede, porque tiene armas decisivas en todas sus líneas y dos goleadores afilados que compiten para batir récords en el libro de Guinness (o de goleadores).
Por ahora marcó 17 goles en cuatro partidos, 8 de Ortega, 8 del sorprendente Cavenaghi y 1 de D'Alessandro y no se ve ningún equipo que pueda ni siquiera empatarle.
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