Gallardo,
Tuzzio,
Gerlo, Ferrari
y Carrizo, así
como todos
los jugadores
de River,
salen
desorientados.
Ganaban
1 a 0
con un
jugador más
y le volvieron
a empatar en
el final.
River tuvo todo para ganar, pero volvió a exhibir la falta de contundencia que lo viene caracterizando en los últimos partidos y terminó empatando ante un rival que jugó con mucha dignidad, sabiéndose inferior y teniendo un hombre menos desde los 35 minutos.
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La gran figura de la cancha fue el arquero Marcelo Montoya, quien con sus atajadas impidió que River sacara mayor diferencia.
River atacó desde el primer minuto y tuvo varias llegadas antes del polémico penal que le dio la ventaja (Serrizuela marcó de atrás a Radamel Falcao García, le punteó la pelota y después chocaron por la inercia), pero entre Falcao García, Gallardo y Gonzalo Higuaín se encargaron de desperdiciarlas.
Belgrano se paró con dos líneas de cuatro, para jugar de contraataque con los pelotazos de Paolo Frangipane para Gigli y Campodónico, pero la expulsión de Serrizuela le hizo modificar los planes.
El lateral, que había sido mal amonestado en el penal, fue expulsado por doble tarjeta amarilla en otro error de Carlos Maglio, que vio mala intención en una falta que cometió al patinar y caer sobre Zapata.
Con diez hombres, Belgrano se refugió atrás y River tuvo el partido para definirlo con tranquilidad, pero se excedió en toques laterales y cuando se decidió a profundizar hacia el área, siempre chocó con Montoya.
El arquero, sin mucha ortodoxia, pero con efectividad, «tapó todo lo que le tiraron», sacando algunas pelotas con sus piernas o con su cara.
Con el correr de los minutos, Belgrano se fue animando y tuvo con remates de media distancia de Frangipane posibilidades para empatar el partido.
River, en cambio, se fue haciendo cada vez más inofensivoy su dominio de campo y pelota muy pocas veces terminaba en el área contraria.
Cuando faltaban 5 minutos, un centro de Frangipane fue aprovechado por Ezequiel Arriola, uno de los más bajos de la cancha, para de cabeza, aprovechando un resbalón de su marcador Ferrari, conseguir el empate.
Después se «dedicó a aguantar el resultado», que pudo cambiar con un mano a mano de Ortega que Montoya volvió a tapar para demostrar que era la figura excluyente de la cancha.
River volvió a lamentar su falta de eficacia ofensiva y Belgrano festejó el empate como si fuera un triunfo. Demostró más amor propio que fútbol, pero con su garra está haciendo una campaña que lo aleja de toda posibilidad de descenso.