7 de julio 2006 - 00:00

Siempre bien acompañado

Horacio Elizondo no estuvo solo en su «patriada» mundialista, ya que muchos de los aciertos que lo condujeron a la final del domingo se debieron al auxilio de sus compatriotas y componentes de la terna arbitral argentina, Rodolfo Otero y Darío García.

Como si fueran sus hermanos mayores, Elizondo, que es el más joven del trío (42 años, nació el 4 de noviembre de 1963), se apoyó en sus laderos a la hora de afrontar los cuatro compromisos consagratorios que lo depositaron en la final. El más grande del grupo es García, que tiene 44 años y es santafesino. En tanto Otero tiene 43 y es porteño. García nació más precisamente en San Guillermo, una localidad cercana a Rafaela, en cuyos tribunales trabajó hasta 2002. En cambio, Otero nació en la Capital Federal y trabaja como profesor de geografía en algunas escuelas porteñas.

Solamente una vez falló Otero, cuando levantó el banderín señalando una posición adelantada del delantero suizo Alexander Frei que Elizondo ignoró. La jugada siguió y el atacante convirtió el segundo tanto (ganó 2-0). La acción era válida porque un defensor de Corea del Sur, rival de Suiza en ese tercer partido del Grupo G, era quien había cedido el pase atrás que interrumpió su adversario.

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