25 de junio 2001 - 00:00

Sobre hierba, Wimbledon suena a deporte diferente

La terminal del ramal del «Underground» que viene a ser nuestro popular subte es Wimbledon, pero no se confunda y bájese en la estación anterior que es Southfield. No bien salga a la superficie comenzará a sentir el aroma de Wimbledon. Tiene un olor muy particular, se encontrará con un color especial, el famoso verde inglés. Allí dispondrá de ómnibus que por 50 peniques lo dejará en la puerta de entrada o de un taxi compartido por 1 libra o $ 1,60 o bien -hace como yo-y camina los 700 metros que lo separan del «Templo».

La entrada la habrá tenido que comprar con un año de anticipación sin saber quién va a jugar. Ni hablar si llueve, estará toda la tarde mirando el cielo rogando que pare, para ver si puede disfrutar del mejor tenis del mundo y poder contarle a sus amigos que estuvo en Wimbledon, si llueve todo el día, perderá la entrada. Ninguna señora paqueta sería capaz de asistir a los clásicos té de gordas y no poder contar que vio a los Duques de Kent, presidentes honorarios del All England. Los ingleses llegan a tal punto de fanatismo que hasta se toman las dos semanas de vacaciones en sus trabajos para poder ver el torneo. Comerán frutillas con crema, beberán champagne, llegarán blanco leche y se irán hechos un camarón. Ese estado que para cualquier argentino significaría tener que dormir en una percha, para ellos es un sello de distinción y además es la mayor prueba de que fue al tenis. En Wimbledon se va a encontrar con un punk conviviendo con aquel que va de galera y bastón. El del clásico saco azul y pantalón gris o las kilt de los escoceses. Vale todo, nadie mira al otro, lo único que importa es cuándo juega Sampras o Henman. Pasan los años y los nombres van cambiando, pero siempre aparecerá un ídolo por quien suspirar. Esto es Wimbledon, con canchas de césped que son preparadas durante todo un año para ser utilizadas durante dos semanas.

El All England Lawn Tennis & Croquet Club cuenta con apenas 200 socios, el más joven de 70 años. Pero que se les ocurrió en 1877 organizar el primer torneo de tenis. Es otro deporte, olvídese de Roland Garros y sus candidatos, los españoles caerán rápidamente, los favoritos serán otros. Los nuestros tampoco, aunque tendremos doce, cifra casi récord de participantes argentinos en Wimbledon. Muchos creen que ganará el que saque mejor, lo cual es una obviedad. Pero no, en Wimbledon ganará el que sea capaz de devolver los misiles que vengan del otro lado.

Esta vez el campeonato más importante del mundo no contará con el número 1: Guga Kuerten. No bien levantó la copa por tercera vez en París y después de demostrar su enorme alegría, lo primero que dijo era que iba a descansar por un tiempo prolongado, que no iría a Wimbledon por estar agotado. Es una pena que el mejor del mundo no esté en «La Catedral». Pierden los dos. Pero mucho más el jugador que además de no sumar puntos, le deja el campo abierto para que sumen los demás. Lo que sí habrá que revisar de una buena vez por todas, para evitar este tipo de «excusas» es el poco tiempo de que disponen entre Roland Garros y Wimbledon. No sólo se trata de dos de los tres más importantes torneos del mundo, sino que además son las dos superficies en donde se requiere un mayor tiempo para su adaptación. Para aquél que jugó las últimas instancias resulta imposible descansar, relajarse y volver a enchufarse. Le quedará una sola semana para recuperar la concentración y para adaptar su juego a otro que queda en el otro polo. Casi otro deporte. Como si esto fuera poco y contando con la mejor intención de hacer bien los deberes y llegar a Londres con el tiempo suficiente. Terminará entrenándose en pista cubierta porque lo más probable es que llueva la mayor parte del tiempo. Modificar las fechas, será una forma de privilegiar a ambos torneos, en definitiva, saldrán ganando todos.

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